Por qué los trabajadores van hacia la derecha

Carlo Formenti

http://blog-micromega.blogautore.espresso.repubblica.it/2015/12/22/carlo-formenti-perche-gli-operai-vanno-a-destra/

Grupo de traductores de la red “Jaén, Ciudad Habitable”

22 de diciembre de 2015

Dos artículos -el primero del Corriere della Sera1 y el segundo del New York Times2comentan la entrevista que el presidente Obama ha concedido a la National Public Radio, en la cual ha atacado a Donald Trump, el aspirante multimillonario para la candidatura republicana a las elecciones presidenciales de 2016. El Corriere se centra en las acusaciones de racismo que Obama dirige a Trump, si bien el autor del artículo señala que, en el último debate entre los nueve candidatos republicanos, ninguno (ni siquiera Trump) ha desempolvado las viejas insinuaciones a cerca de la falta de fiabilidad de un presidente negro en la conducción de la lucha contra el terrorismo islámico. Por el contrario, el New York Times otorga mayor importancia (incluso en el título: “Obama acusa a Trump de explotar los miedos de la clase trabajadora”) a la polémica sobre los cantos de sirena populistas que Trump utiliza para obtener el consenso de los “blancos pobres”.

El segundo argumento me ha parecido mucho más interesante, porque se refiere a un nudo neurálgico de los conflictos sociales y políticos de los países occidentales en las últimas décadas. En la entrevista, Obama reconoce que los cambios generados por la nueva economía han afectado negativamente, y especialmente, a los trabajadores industriales, facilitando la reducción de los salarios y el nivel de ocupación, haciendo cada vez más difícil el desempeño del papel de cabeza de familia. No por casualidad, se remarca en otra parte del artículo, solo el 36% del electorado blanco carente de educación secundaria votó por él en la campaña del 2012 que lo volvió a confirmar como presidente. Lo interesante de esto es, sobre todo, el hecho de que Obama, mientras se afana por demostrar que las críticas sobre su modo de conducir la guerra al Estado Islámico son infundadas, no dice ni una palabra para refutar las críticas sobre los efectos que ciertas decisiones político-económicas han tenido en las condiciones de vida y de trabajo de los “blancos pobres”, ni menciona qué se debería hacer para afrontar los problemas. El empobrecimiento de la clase trabajadora, finalmente, se considera de igual manera como una catástrofe natural, como el precio inevitable que el “progreso” económico impone a la sociedad (un precio que, evidentemente, incluye también la instrumentalización electoral del fenómeno por parte de la derecha).

Este es, por otra parte, el punto de vista compartido por todos los partidos de la izquierda tradicional en Occidente: desde los Laboristas ingleses (hasta el cambio de Corbyn) a los Demócratas italianos, desde los Socialistas franceses a los Socialdemócratas alemanes. La conversión neoliberal de la izquierda en los últimos treinta años ha hecho que su electorado de referencia se haya sobre todo convertido en las clases medias de las viejas y nuevas profesiones, por cuyo apoyo compiten con los partidos de centro-derecha, mientras las viejas clases trabajadoras (por no hablar de los precarios e inmigrantes) son abandonadas al destino reservado por el “libre” mercado (además de ser activamente castigados por la reducción del gasto público). No hay que sorprenderse, por tanto, si Marine Le Pen recoge votos en las viejas fortalezas del Partido Comunista Francés, si una consistente cantidad del voto obrero italiano va al Movimiento 5 Estrellas o, incluso, a la Liga Norte, si Podemos avanza impetuosamente en España o si Trump asusta al establishment de los partidos tradicionales norteamericanos.

El populismo no es un fenómeno degenerativo de los sistemas democráticos, es la forma política que la lucha de clases asume en la era de la economía financiarizada y globalizada, y de la conversión neoliberal de todas las élites tradicionales. El que ello asuma connotaciones de derecha es la consecuencia del retraso cultural de las izquierdas radicales que, salvo excepciones, han sido hasta ahora incapaces de comprender este inédito escenario y de aprovechar la oportunidad.