No hay vías intermedias

SOBRE LA SITUACIÓN ITALIANA TRAS EL 27 DE MAYO DE 2018

No hay vías intermedias
Ugo Boghetta, Carlo Formenti y Mimmo Porcaro

Traduce konkreto para asociación “Jaén, ciudad habitable”.

Mientras escribimos se está constituyendo un gobierno que es expresión de una coalición social inestable y que a su vez está destinado a generar inestabilidad. La coalición social abarca desde las pequeñas y medianas empresas hasta los profesionales, desde los trabajadores hasta los desempleados y los precarios. La hegemonía pertenece a la capa superior, la más directamente favorecida por la flat tax. Pero esta capa, para recuperar lo que se ha perdido como resultado de la globalización, debe necesariamente basarse en la capa inferior y luego esbozar una redistribución de la riqueza. De esto surge un programa que es un mix de reaganismo (recorte de impuestos) y política expansiva, una política que, aunque no puede llamarse keynesiana en absoluto (el déficit sirve en gran medida para compensar los menores ingresos fiscales, el empleo es concebido como un efecto indirecto de la desgravación fiscal y los incentivos a las empresas …) es, sin embargo, suficiente para alarmar a la Comisión Europea. Cuanto mayor sea la redistribución hacia abajo, mayor será el desacuerdo con la Unión Europea. Por el contrario, cuanto más se adapte el gobierno a Bruselas, más entrará en conflicto con sus electores: y no será suficiente, en ese momento, con desviar la ira hacia los inmigrantes y hacia todas las demás “clases peligrosas”. La dominación indiscutible de la burguesía transnacional ha sufrido un retroceso: mañana logrará absorber la deserción de la burguesía nacional, pero por ahora el agudo sufrimiento de los estratos populares y las pequeñas empresas significa que el gobierno debe acentuar la inestabilidad y finalmente poner los problemas reales sobre la mesa. En perspectiva, lo que pese no será tanto lo que está escrito en el programa, sino la tendencia real de las contradicciones y el surgimiento de la verdadera naturaleza de los sujetos de la coalición.

Es por eso que, incluso si en los últimos días todo parecía convertirse en comedia, la “crisis de mayo” ha revelado la naturaleza íntimamente dramática de la política italiana. E, incluso, aunque el gobierno formado en el último minuto parece haber remendado el desgarro, en realidad será el teatro y el actor de choques muy duros: entre los dos componentes de la mayoría, entre el gobierno y Europa, o entre el gobierno y los electores.

El hecho es que el centrismo, muerto el 4 de marzo, fue finalmente enterrado por Sergio Mattarella el 27 de mayo. El 4 de marzo, las necesidades a menudo desesperadas de la mayoría de la población italiana se expresaron claramente y parecían haber encontrado un gobierno dispuesto, ya fuera por amor o a la fuerza, a corresponderles. Pero una respuesta adecuada minaría la relación de Italia con la Unión Europea: el 27 de mayo explotó directamente, la principal contradicción de nuestro país. Desencadenada por las confrontaciones tácticas actuales, la explosión reveló en un instante los choques estratégicos del mañana. Por supuesto, incluso después del entierro, el fantasma del centrismo continuará revoloteando aquí y allá, sugiriendo moderación y medidas a medias: pero cualquiera que lo siga enfrentará una derrota.

Entre los diversos movimientos de los protagonistas de estos días (no todos brillantes, hay que decirlo) destaca el de Sergio Mattarella. Inesperadamente (y, creemos, suscitando perplejidad tanto en los partidos amigos como en los socios internacionales), no solo ha elegido dramatizar el enfrentamiento de forma inédita, sino que también ha decidido decir, e inmediatamente, la indescriptible verdad: que la Unión Europea y el euro son enemigos de la democracia y la justicia social. Es difícil que Berlín y París hayan sugerido un movimiento tan contraproducente. Es más probable que se trate del pánico de una clase dominante que ahora sólo se mantiene gracias a la connivencia con la propia Unión y gracias a la típica amenaza de todos los “legitimistas”: después de nosotros, el diluvio.

Sea como sea, el hecho es que el Presidente de la República ha declarado que Bruselas no permite una revisión parcial de la ley Fornero y ni siquiera, incluso, un tímido intento de apoyo a los ingresos. Y que, si hay que elegir, el Presidente de la República está con Bruselas y no con los pobres que tienen que hacer un trabajo de mierda hasta los 67 años o los que no tienen trabajo, ni siquiera de mierda. Esto, más allá del contenido explícito del discurso, es el significado implícito que los italianos han captado muy bien. Que el euro es incompatible con la democracia y la justicia social, así como con una lógica económica razonable, no lo dicen ahora solo Giacché, Bagnai o Cesaratto, y no lo decimos solamente nosotros: lo declara oficialmente la más alta autoridad del país.Tan pronto como la idea de la ruptura del euro ha pasado del reino de la especulación intelectual al de la remota eventualidad política, la respuesta de facto (aunque enmascarada con la burla de Cottarelli) ha sido la disolución del Parlamento. Por no mencionar la referencia a los “mercados” como un factor condicionante e inevitable. El segundo encargo a Conte, parece eliminar todos los problemas por el momento, pero no puede hacer olvidar lo que se ha visto.

Es imposible no comprender la naturaleza de este pasaje y sus consecuencias irreversibles en todas las fuerzas políticas italianas. Por primera vez, a una demanda popular explícita de una inversión de tendencia (poco importa, aquí, si confiada a partidos que casi seguro no sabrán realizarla), presentada en la forma más “solemne” posible, es decir, como elección electoral, se opuso explícitamente la “ley” incuestionable de la Unión Europea, del euro y de las finanzas: “los mercados enseñarán a los italianos a votar”, ha dicho el Comisario europeo. Por esta razón, de ahora en adelante, los que no apoyan la necesidad de que la Unión Europea y el euro se rompan están de hecho en la línea de Mattarella, y por lo tanto ya no es simplemente un indeciso, un desconocido o un oportunista: es un reaccionario. Y quien, aunque apoye esa necesidad, no tome en serio el problema del interés nacional, declinándolo desde el punto de vista de las clases subalternas y persiguiéndolo con la alianza social más amplia, ya no es utópico o inadecuado: es un peligroso fanfarrón. Ninguna de las agregaciones actuales o posibles de la izquierda radical, incluso admitiendo que ello tenga algún sentido, puede ser mínimamente eficaz si no parte de las premisas establecidas por la “crisis de mayo”. Ya no es el tiempo de los Varoufakis o de los Tsipras. No es el tiempo ya de lúcidos análisis antieuropeos realizados en ámbitos ultraeuropeístas. Ya no es el momento del extremismo moderado que quiere romper los tratados europeos pero que curiosamente no quiere hablar de exit. Ya no es el momento de “ni con esto ni con aquello”. Quien en ésta crisis ha apoyado a Mattarella está con el gran capital transnacional y es su servidor. Los que han criticado a Mattarella están ya, de hecho, con la burguesía nacional y con las grandes capas populares que se les han unido (muchos dicen: “lo intentamos con aquellos y ahora lo hacemos con estos”) y cuyas necesidades radicales hacen que todo se radicalice ((http://www.socialismo2017.it/2018/05/24/che-cosa-fare-con-i-gialloversi/).

Pero para seguir con lucidez, son necesarias dos condiciones:

Ante todo, dada la actual ausencia de alternativas creíbles, al estado actual de cosas hay que modular la posición respecto al gobierno amarillo-verde. Es decir, criticarlo en los puntos inaceptables, presionarlo en los objetivos de redistribución, apoyarlo en los duros ataques europeístas (que sin duda serán más por la ‘ ‘eurofobia’ que por la xenofobia), proponer, si somos capaces, un modo más eficaz de conflicto con la Unión Europea. Si no se hace esto se cae en la órbita del Pd, de Berlusconi y del eurismo.

Pero, por otro lado, y esto es quizás lo más importante, hay que ser mucho más radical que Salvini y Di Maio, y por tanto asumir directamente y sin ninguna duda el tema del exit como Plan A. Y a continuación, elaborar, difundir y explicar un programa tendencialmente socialista, es decir, no basado simplemente en un aumento del déficit, sino en la presencia de un nuevo sistema bancario-industrial público, y sometido al control ciudadano, que persiga directamente el pleno empleo y la modernización tecnológica (condición para reducir la dependencia del país) y, además, capaz de hacer frente, mejor que lo haría el semi-estatalismo de la Liga y del M5S, a las inevitables y duras reacciones políticas y financieras al exit. Si no se hace esto, se queda a la cola de Salvini y Di Maio. Sin una perspectiva socialista no se reconstruye la capacidad hegemónica de las masas que votaron por los amarillos-verdes y, al contrario, se corre el riesgo de aumentar el atractivo popular de este gobierno.

Por el momento, no se trata de construir el frente popular, ni de construir el Comité de Liberación Nacional: en el área que viene de la izquierda y que trata laboriosamente de crear una nueva perspectiva socialista, no hay nadie capaz de proponerse como un aliado de igual nivel ( o en cualquier caso que no se deje dominar) a la Liga y el M5S. Más bien se trata de crear y hacer crecer dentro de esta dura crisis política un reagrupamiento socialista que gradualmente gane capacidad de dirección y de influencia política. Parece poco, pero en el tiempo acelerado de hoy puede ser mucho.

Por nuestra parte, junto con otros compañeros, hemos comenzado a trabajar en esta dirección en Bolonia, el 15 de abril pasado (sobre la base de este documento https://sinistrainrete.info/politica-italiana/12009-ugo-boghetta-carlo-formenti-mimmo-porcaro-idee-per-una-sinistra-nazionale-e-popolare.html, ampliamente compartido por los presentes). Vamos a seguir en Milán el 9 de junio, a partir de las 10h, en el Arci de Vía Belleza 16 / A (y este artículo debe entenderse también como nuestra contribución a esa reunión), discutiendo sobre la fase política, las iniciativas que deben tomarse y del perfil organizativo que debemos darnos. Quien quiera unirse es bienvenido. Quién quiera hacer lo mismo de otro modo será bienvenido después. Lo importante es entender que el 27 Mayo no sólo ha revelado la naturaleza del europeísmo, sino también ha clarificado a los sordos y a los ciegos que la izquierda italiana (posicionada mayoritariamente detrás de Mattarella), que rompió desde hace tiempo todas las relaciones con el comunismo y con el socialismo, ha vuelto a ser lo que normalmente suele ser: una de las fracciones políticas de las clases dominantes, por lo general vinculados a las industrias emergentes, a veces proteccionistas, a veces neoliberal, a veces progresista y a veces, como hoy, puramente reaccionaria. Pase lo que pase, un movimiento socialista en Italia se construirá contra la derecha y contra la izquierda.

Fuente: https://sinistrainrete.info/politica-italiana/12493-ugo-boghetta-carlo-formenti-mimmo-porcaro-non-ci-sono-vie-di-mezzo.html

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