Manifiesto para la política futura

MANIFIESTO PARA LA POLÍTICA FUTURA1

PIETRO BARCELLONA

1.- La Discriminante geopolítica.

El intento de neutralizar todo punto de vista que no se adecue a las ideas del sistema establecido me hace considerar que ya se ha delineado un claro discriminante, entre quien ha elegido el partido de la homologación a la cultura anglo-americana ( y a la inadmisible identificación de la denominada civilización anglosajona con la civilización tout court, como parece pensar Savater al etiquetara las culturas de particularismo reaccionario) y quien continúa considerando que las tradiciones culturales nacionales de cada país ( como dice Geertz) y en cada latitud sean un patrimonio a respetar y tutelar. No es un prejuicio de aversión hacia los USA que aquí se quiere hacer valer, sino una oposición a la ideología americana de aquel individualismo competitivo y narcisista (denunciando también por autores americanos como Lasch y OConnor y más en general por estudiosos como Dumont) que es la otra cara del totalitarismo moderno y que bajo la etiqueta del pluriculturalismo resulta luego, objetivamente funcional a los intereses de poder de los grandes grupos de presión económico-financieros, que (como ha escrito Corm) representan la clase dominante de una nueva organización feudal del mundo.

 

El emerger de esta discriminante me induce a considerar atrasada y perdedora toda línea política que se limite al terreno económico de la clásica relación entre capital y trabajo y no arriesgue, por el contrario, a rediseñar la línea de la iniciativa sobre bases geopolíticas, especificando como nuevo terreno del conflicto la relación entre áreas geográficas sometidas por la globalización a las manipulaciones, a la explotación y a las colonizaciones culturales: áreas como el Mediterráneo y el Mezzogiorno de Italia.

Las clases no son entidades económicas sociológicas, sino construcciones político-ideales, mediante las que se promueve la agregación de los hombres y de las mujeres excluidos del gobierno de la propia vida y que están dispuestos a luchar para realizar un recambio de las clases dirigentes y producir sus propias formas de desarrollo y sus propios objetivos sociales.

El trabajo dependiente no es una entidad jurídico-formal, sino una categoría histórica que remite a la ausencia de autonomía efectiva en la dirección del proceso vital de producción y reproducción de la propia vida. Muchas figuras que hoy vienen presentadas como trabajo autónomo son, en realidad, expresión de la segmentación del ciclo productivo mundializado y están más expuestos a los peligros del fracaso que la tradicional figura del obrero de fábrica.

Por esto es necesario repensar la categoría de los grupos subalternos, sin dejarse desviar por los viejos esquemas de la vulgata marxista. Un nuevo análisis de la morfología del ciclo productivo mundial y del trabajo subalterno exige un análisis diferenciado elaborado sobre criterios distintos del criterio economicista del la plusvalía.

2.- Globalización y segregación

Hoy se asiste, en efecto, a una nueva polarización que va más allá del estatuto del antagonismo entre capital y trabajo. Como ha subrayado Bauman, la globalización produce en el interior de la aldea global, donde algunos cientos de millones de hombres tienen el privilegio de moverse sin fronteras, la segregación localizada de otros miles de millones de hombres que se encuentran soportando el peso de una existencia agobiante y degradada. Como dice Bauman, la globalización es el resultado de la batalla dirigida por el Capital para independizarse del Espacio e inaprensible de la Política. La globalización actúa sobre dos planos: el mundo que se mueve a la velocidad de la información y el mundo de la localización forzada de quien permanece fuera de la Red.

La fábula de la aldea global sirve sólo para ocultar lo que realmente ha ocurrido: la victoria del capital y de la empresa que deja de ser un lugar donde los inversores se encuentran con los trabajadores, los consumidores, los proveedores, etc. La empresa pertenece sólo a los grandes inversores y los inversores no tienen mas patria que las empresas transnancionales. La globalización ha sido realizada por la clase de los inversores que ha operado con absoluta libertad, sin vínculos de territorio, sin lazos del lugar dónde antes se desarrollaba la actividad productiva de la que derivaba la relación con los trabajadores, los suministradores y los consumidores. Esta libertad del capital está rediseñando la jerarquía del mundo y está incidiendo profundamente en la vida de las personas.

Cuando se afirma que el problema es producir riqueza para después redistribuirla se plantea un falso problema: el problema no es en absoluto o al menos no es solamente el de la distribución de la riqueza producida.

Un campesino del Sur que ha construido su cultura, su saber, su dignidad, su modo de ser, su capacidad de dar significado al transcurrir de los días, e incluso al color del cielo en relación a su actividad productiva, no puede ser compensado con una bolsa llena de dólares. Ha ocurrido y está ocurriendo algo más profundo que concierne a la capacidad de autorepresentarse: o sea, decir soy siciliano, marroquí, laosiano, coreano, etc., y provengo de una tierra donde hay una historia, un pasado, donde hay monumentos incluso anteriores a la civilización moderna.

La aceleración de la información ha cancelado también la memoria. La velocidad de la información destruye la capacidad de memorizar, ya que nuestra memoria está ligada a la experiencia, a lo vivido. El incremento de la velocidad de la información acorta las distancias y aniquila el espacio, haciendo posible un movimiento vertiginoso de capitales que no necesita estar localizado.

Frente al ciberespacio hay miles de millones de hombres que no conocen un sistema de transmisión de la información como el nuestro. El mundo globalizado no atañe de ninguna manera al conjunto del planeta. En Vietnam o en Corea, si nos desplazamos fuera de la ciudad no existe un verdadero sistema postal y las noticias se transmiten aún mediante mensajes orales. En el film de Kevin Costner, que ha sido boicoteado en los EEUU, se representa una sociedad del futuro en la que ha saltado el sistema de comunicaciones y es necesario volver a los correos a caballo. El film es una metáfora de la Acatástrofe@ de la aldea global: la información es la puesta en juego de nuestra existencia. La información está estructuralmente ligada a la vida y la vida es también conflicto por el control del espacio físico y el espacio mental.

Los inversores de capitales han vencido en la guerra por el control de la información y todos los otros han quedado incapacitados para producir información, aunque aparentemente se asiste a un aluvión de información.

Las nuevas élites que participan en el mundo de la información tratada no tienen ya relaciones con los territorios y viven en un espacio propio. Los lugares donde habitan las élites son inaccesibles, fortificados, mientras el resto de las poblaciones se agrupa generalmente según criterios étnicos.

La vida localizada de la gran mayoría de la humanidad, en efecto, no deja de ser singularizada y, por tanto, privada de espacios realmente públicos y sociales, capaces de pensar Significados para la Existencia. También los individuos localizados experimentan las formas de vida y de consenso impuestas por esta nueva clase dominante supranacional y dependen cada vez mas de los significados que vienen atribuídos por ellos y por interpretaciones que no pueden en modo alguno controlar -sean cuales sean las opiniones expresadas en relación a los intelectuales globalizados– vendedores de sueños comunitarios que sirven sólo como consuelo.

Se determina, en efecto, una exclusión incontenible entre las élites cada vez más globales y extraterritoriales y los otros cada vez mas Alocalizados@, ya que los centros de poder, donde se producen los significados y los valores, están cada vez mas liberados de vínculos territoriales, mientras no lo esta la vida efectiva de aquellos que mediante tales significados y valores deben dar forma a la propia existencia.

Paradójicamente los individuos localizados no tienen ya la percepción de un espacio y de un tiempo propios, unidos a las reales condiciones de su existencia, mientras las élites extraterritoriales tienen la percepción de un espacio infinito y de un tiempo ilimitado. En realidad, como sigue diciendo Bauman, en la globalización se ha combatido y se libra una guerra que tiene por objeto el espacio y el tiempo, ya que estos se dilatan, para algunos; otros experimentan una dramática reducción hasta el aniquilamiento: los individuos localizados se encuentran sufriendo en el espacio y en el tiempo residual (insignificantes), un destino cruel y no deseado. El espacio y el tiempo, en efecto, son construcciones sociales (Elías), mediante las que los grupos humanos definen la propia identidad en relación a los otros y por lo tanto el campo de sus experiencias significativas el Avalor@ de sus actividades.

3.- El fin de la ciudad y del espacio público.

Pertenece a esta dinámica de la globalización, que produce localizaciones y segregación, la disolución del espacio público típicamente representado por las tradiciones europeas de la ciudad, que ha funcionado como centro de referencia y lugar de participación colectiva en la vida política.

Las élites transnacionales se han secesionado -como dice Lasch- del pueblo y no les interesa la belleza de la ciudad. La ciudad está ahora en mano de los planificadores funcionalistas, que deben resolver tanto los problemas del transporte urbano y los residuos, como los problemas del entretenimiento de los ancianos y los pequeños ( un bonito parque, un jardín zoológico, etc.). No existe ya la idea de la ciudad como espacio compartido donde se crean conjuntamente los significados que dan sentido a la vida.

Bauman recuerda como se formaban los valores cuando las mujeres iban al lavadero: mientras aclaraban los trapos hablaban de sus problemas, de la educación de los hijos, de la relación con el marido, del engaño y la fidelidad, y no se intercambiaban sólo información sino que creaban significados y producían normas colectivas. Este modo de ser de la comunidad cambió apenas el agua fue suministrada mediante las cañerías y el servicio público y las lavanderas no se encontraban ya. Obviamente no se trata de llorar por el lavadero y los buenos tiempos pasados, pero no hay duda de que en la época actual han desaparecido los lugares de encuentro y se ha producido una expropiación de la capacidad humana de dar significado al mundo circundante.

Una vez se decía que tenían importancia también los valores del espíritu y que los hombres son dignos porque son capaces de crear sentido y significado para la propia existencia y hacerse así libres y autónomos. Hoy todo esto no tiene ya sentido.

Está desapareciendo la ciudad continental de la tradición europea donde ciudadanos de distintas naciones se encontraban en el espacio público.

Las ciudades europeas están experimentando de hecho un proceso de americanización según el modelo analizado ya por Wirth de la ciudad como mosaico de razas, de culturas y de estilos de vida rígidamente separados, en un contexto urbano extremadamente fragmentado, que si, por un lado, empuja en la búsqueda de reglas universales altamente formalizadas, por otro lado, produce desarraigo y anomia. Es mas, (como ha sido observado) cuanto mas la integración se da sobre bases puramente formales de reglas y procedimientos, mas crece el desarraigo y la tendencia a producir agregaciones étnicas (el elemento biótico del que hablan los analistas americanos) en lucha entre ellos para la conquista del espacio en el que organizar las propias defensas.

No por casualidad Bauman llama guerra del espacio al conflicto cada vez más áspero entre las élites transnacionales y que operan en la aldea global sin fronteras (mediante las redes) y los grupos humanos localizados y encerrados en la desesperada defensa de la propia identidad, anclada en el territorio físico.

La lógica imperial que opera en el paradigma de la globalización tiende, en efecto, a transformar todos los espacios ocupados por los individuos localizados en periferias de la Gran Ciudad única ( New York) que como la Roma latina se extiende sobre todo el planeta.

La guerra del espacio es bajo este perfil una verdadera y propia acción de desestructuración de la capacidad de producir significados y valores autónomos ligados a la forma de vida de los grupos y las poblaciones localizadas.

4.- Una nueva frontera del conflicto.

Muchas culturas están siendo exterminadas porque las culturas están ligadas a los cultivos.

Una filósofa indú ha escrito un extraordinario libro sobre la monocultura de la mente y ha demostrado que la especialización en los cultivos territoriales ha empobrecido no solo las tierras ( las tierras utilizadas con el sistema de rotación de cultivos diversos retenían el agua mucho mas de cuanto lo hacían los terrenos utilizados por el monocultivo), ha empobrecido también la mente, porque se ha perdido la capacidad de seleccionar las hierbas y los productos silvestres según los diversos usos tradicionales. En esta riqueza de la tierra se presentaba la complejidad del mundo y se expresaba la idea de una multiplicidad no simplificable, de una diferencia no homologable. El monocultivo del terreno equivale, por el contrario, a la monocultura de la mente ( no por casualidad se habla de pensamiento único).

El pensamiento único es la consecuencia del hecho de que estamos heterodirigidos por la información de los medios de comunicación y no tenemos acceso a la experiencia plural de los hechos. La guerra de Kosovo ha sido un acontecimiento ejemplar: al inicio parecía que debía ser brevísima y en las salas televisivas se organizaban incluso debates con el embajador Servio y el Kosovar desesperado. Tras algunos días la información desapareció y permaneció solamente la letanía sobre la guerra humanitaria.

En realidad, en esta guerra no estaban en juego los derechos humanos, sino algo mas profundo. Como se ha visto, los derechos humanos sin un ordenamiento positivo y un Estado que los reconozca, sin una organización que los garantice, sin un consenso que los legitime, son solamente un instrumento de prevaricación por parte de quien se arroga el derecho a decidir qué es humano y qué no lo es.

Kolakowski ha escrito que dos grandes mitos atraviesan cíclicamente la humanidad: el mito de los derechos y el mito de los deberes. El mito de los derechos corresponde a las sociedades rampantes en las que cada uno cree estar en deuda respecto del mundo ( el mito de los depredadores) y el mito de los deudores, en el que se piensa en la dependencia de otros, de la pareja que los ha generado, de los amigos que les han ayudado, del maestro que les ha enseñado algo.

El mito de los deudores es fuente del vínculo social: quien cree tener una deuda, siente también él deber de restituir: el vínculo garantiza la reciprocidad. Una sociedad de los derechos es una sociedad sin vínculos y nadie tiene garantizadas sus expectativas: es la guerra de todos contra todos.

Los derechos humanos se han convertido en el instrumento para fracturar las viejas unidades estatales. Como dice Bauman, la parcelación de la soberanía es la otra cara de la globalización; pequeños estados que no cuentan nada y se convierten en centros de la economía criminal. Asi, los Estados que están naciendo en la ex Yugoslavia son débiles frente al mundo global (donde, por el contrario, se dan enormes concentraciones de poder) y quedan expuestos al dominio de bandas criminales.

En Argentina y en Brasil los agricultores se han empobrecido porque el agua, la luz, las carreteras y los transportes se han privatizado y porque mediante las tarifas las empresas transnacionales han comenzado a apropiarse de toda la riqueza producida.

La alternativa a la globalización no puede ser mas que la construcción de grandes regiones (como dice Amoroso), de áreas de economía cooperativa no competitiva. No se trata del problema del desarrollo sostenible ( no hay desarrollos sostenibles), sino de un desarrollo adecuado a las necesidades de cada comunidad, de cada grupo humano y a los valores que ello expresa en sus prácticas vitales.

En la reconstrucción de una nueva frontera del conflicto, junto a la importancia de la geopolítica y a la inserción en la jerarquía mundial del gobierno de la economía globalizada, un papel decisivo tiene el discurso de los valores, entendidos como componentes de la identidad socio-cultural de los grupos humanos de las distintas realidades del planeta. Pienso, bajo este perfil, que la adecuación acrítica a la posiciones de la ideología laicista ( que no hay que confundir con la laicidad de cada ser humano que crea en la autonomía de su pensamiento propio), en materia de manipulación del proceso de procreación y en el significado simbólico que el acoplamiento entre machos y hembras (mas alla de las formas matrimoniales) tiene para la socialización de los nacidos de mujer, es un signo de subalternidad al falso modernismo que viene de la cultura anglosajona, hostil a toda forma de vínculo social a partir de aquel familiar.

Es obvio que también las formas políticas correspondientes a esta nueva fase de la historia humana no pueden ser ya las del tradicional sistema parlamentario, representativo y proporcional. Es necesrio saber entrelazar formas de democracia directa, sobre cuestiones claramente sometidas al cuerpo electoral, formas de democracia representativa sobre bases regionales y meta-regionales y nuevos criterios de legitimación desde el liderazgo hasta las funciones del gobierno.

El centro de cada iniciativa política debe, de todos modos, ser ya el territorio, como espacio vital y como espacio público en el que los grupos humanos, diferentes por culturas y tradiciones, pueden competir libremente por el gobierno de la cosa pública. Un país l federal, en una Europa de las meso-regiones. (Como sostiene Amoroso), una ciudad-país ( en el sentido de Geertz) deben ser los ejes de un nuevo repensar las instituciones políticas representativas y de gobierno de Italia y de Europa.

Por estas razones, tanto la forma partido, como la forma sindicato no pueden permanecer ancladas en abstractas categorías y en las tradicionales clases económicas.

Afrontar de forma nueva los problemas de nuestro país desde la óptica del mundo globalizado, significa también liberarse de la retórica de la lucha contra la mafia y la corrupción por vía judicial, restituir al proceso y a la jurisdición la función de la averiguación de las responsabilidades personales y no el de reformar el sistema político, deber que corresponde por principio constitucional sólo a las fuerzas políticas y a las instituciones representativas.

5.- La izquierda y el desarrollo

No hay, sin embargo, una verdadera perspectiva de renacimiento de la política sin la capacidad de dar vida a formas de desarrollo autónomo y alternativo, respecto de los parámetros del crecimiento global. No basta ya, efectivamente, una referencia al desarrollo y al crecimiento.

El tema del desarrollo permanece bajo esta perspectiva central. Rossana Rossanda enuncia dos o tres problemas de lo que la izquierda debería ocuparse para seguir siéndolo: el trabajo y el desarrollo. Razonamiento que paradójicamente no está lejos del de Mario Pirani, según el cual, sin embargo, para estar a la altura de los tiempos del desarrollo mundial es necesario hacer sacrificios, incluso humanos. Es cierto que Pirani cita el Fausto de Goethe y el destino atroz para lo que retrasándose en reconocer la fuerza no se sumerjan en el rio arrollador de la innovación capitalista ( para lo que se ha acuñado también el término de excedente). Pero también Rossanda aunque desde un punto de vista distinto, recuerda a la izquierda que el crecimiento se ha detenido desde hace mucho tiempo y que es necesario volver a comenzar desde el asunto del desarrollo y del trabajo.

Ahora este asunto ( del desarrollo) me parece una cuestión a dirimir. ) Quién se desarrolla y qué es el desarrollo? ) Y qué relación hay entre desarrollo y progreso? Cuando Occhetto propuso la fórmula de los progresista, en Il manifesto se levantaron muchas dudas sobre el significao de esta palabra o, mejor dicho, sobre este binomio desarrollo/progreso. Pasolini luchó desesperadamente contra el desarrollo sin progreso, contra un Acrecimiento de los beneficios que empobrecía las relaciones sociales.

Si se leen los datos que algunas decenas de agencias mundiales, incluso las dependientes de la ONU, publican profusa y contínuamente, aparece cada vez mas claro que la distintacia entre quien está dentro del desarollo y quien está fuera es cada vez mas grande: un quinto, o poco mas, de la población mundial goza del desarrollo (mercancías, beneficios, etc.) Y cuatro quintos del mundo, al contrario, sufren las consecuencias negativas (pobreza, contaminación, pérdida de cultura y degeneración de la vida social a causa de la criminalidad). En términos relativos, nos dicen algunos investigadores ( como George), el porcentaje de empobrecimiento de miles de millones de hombres ha aumentado frente al crecimiento de los países ricos y, está cada vez mas claro, que ni las empresas transnacionales, ni las grandes instituciones financieras, ni los gobiernos de los diferentes G 7/8 tienen interés en modificar esta tendencia. La extensión de este desarrollo, en efecto, no es sostenible desde ningún punto de vista (ecológico, social, cultural), y por otro lado, hacerlo sostenible, desde indicadores de paridad del crecimiento, significa solamente restringirlo cada vez más a las áreas mas fuertes ( las del Norte de América y el centro de Europa), abandonando al resto del mundo a su destino de explotación y marginación. La revolución tecnológica e informática excluye cada vez mas del acceso al control de los procesos mundiales a pueblos y enteras áreas geográficas. Como escribe Dahrendorf (retomado por Scalfari) quizás la libertad de movimiento individual ha aumentado (también porque habrá siempre algún trabajador de barco encargado del mantenimiento dispuesto a hacerla franca ante los guarda costas, pero disminuye la democracia y se desarrollan formas de tecnología autoritaria.

Como escribe Bauman, es hasta ridículo hablar de desarrollo ante los datos que hay a la vista de todos: 358 millones globales poseen la riqueza equivalente a la renta de 2,3 mil millones de las personas mas pobres, hasta el punto de que Keegan ha denominado el actual modelo de desarrollo una nueva forma de bandolerismo de calle, ya que el único efecto es un aumento expansivo de la pobreza relativa de los países y las poblaciones sometidas al dominio de los nuevos poderes supranacionales.

Entonces, si estas y las otras mil cosas negativas que se pueden decir sobre el desarrollo son verdaderas, es de aquí de donde hay que comenzar para especificar las nuevas discriminantes políticas.

Es necesario luchar contra este desarrollo que empobrece a las cuatro quintas partes del planeta, que restringe cada vez mas el abrigo de la seguridad y que no garantiza ya ni bienestar, ni trabajo a las nuevas generaciones. Es necesario asumir que en el mundo existe la Aldea Global, pero existe también el apartheid (como escribe desde hace años Bruno Amoroso).

Respecto a estos problemas nada es neutral y no hay autonomías intelectuales que valgan.

Cada uno de nosotros, haga lo que haga, pertenece a una parte del mundo. El intelectual orgánico no es una invención de Gramsci, sino una verdad incontestable, cuando toda persona seria e informada tiene que saber que la objetividad de las ciencias sociales es solamente una utopia decimonónica. Estamos todos unidos organicamente a algo y debemos sólo mirar dentro de nosotros mas honestamente para responder a la pregunta: de qué lado estoy y con que argumentos.

Quien defiende el desarrollo, entendido como se ha dicho y cómo es, además, está en el mundo globalizado de los poderes económico-financieros; quien está fuera no puede, por el contrario, más que partir de la crítica de este desarrollo y del tipo de perspectivas que ofrece a los jóvenes del Sur de Italia o de las otras áreas marginadas del mundo.

En tales condiciones, para estas zonas del mundo (las áreas marginadas) no hay flexibilidad y cualificación profesional que valga: no tendrán ni trabajo ni desarrollo, sino solo precariedad y beneficiencia.

Es necesario así repensar la idea misma de desarrollo y de trabajo, y, al mismo tiempo, la idea de mercado como instituciones cooperativas entre productores y no solo como mercado capitalista sometido al control oligopólico de las multinacionales.

Es necesario, como intentó hacerlo Berlinguer, desafiar al sentido común, volviendo a proponer la lucha contra el desarrollo y el consumismo, en defensa de la mejora de las relaciones sociales, las tradiciones culturales y de nuestros pueblos ( en el sentido de espacios, monumentos, ciudad y campo) con el objetivo de construir una sociedad laboriosa, aunque sobria, patrona de su destino y no nodriza de poderes ajenas a todo control democrático como el Fondo Monetario Internacional.

La izquierda ha envejecido porque se ha detenido en las antiguas discriminantes de clase consideradas de manera abstracta ( el capital contra el trabajo), que hoy no consiguen ya hacer declinar concretamente las modalidad de los procesos de desigualdad y conflictividad social y política.

No se requiere un programa mínimo, sino al contrario, un programa máximo para cambiar un rumbo que nos lleva a la catástrofe social y de lo que hablan también liberales ilustrados como Scalfari o Dahrendorf.

Apoyo al trabajo autónomo juvenil, a la empresa media y pequeña que arraiga en el territorio, defensa de los circuitos de mercado local cooperativo, no sometidos a la mediación obligada de las transnacionales alimenticias. Financiación sin intereses o a fondo perdido y descuentos fiscales a los pobres, que intente poner a prueba su capacidad de iniciativa económica en el territorio.

Y en conjunto, nuevas instituciones descentralizadas para gestionar los grandes servicios en relación a la comunidad territorial; la salud y la educación, ensayando formas nuevas de propiedad y nuevos criterios de gestión.

Es necesario promover Conferencias regionales ( de las que Amoroso llama mesoregiones) de los pueblos asentados en las áreas geográficas implicadas en el mismo proceso de marginación, para dar vida a acuerdos y a instituciones comunes, para intentar poder acordar con las áreas fuertes condiciones de intercambio y reconocimiento recíproco de las respectivas tradiciones y culturas, abandonando los proyectos para-coloniales, como los planes Marshall para los Balcanes.

Es necesario oponerse abiertamente a este desarrollo sin nostalgia del pasado, pero sin avergonzarse de defender valores y principios distintos de aquellos como los rave del festival de Berlin que proyectan un mundo transformado en discoteca global (según modelos que llegan de los EE.UU.)

Reconocer los valores de las tradiciones religiosas sin abandonarse al laicismo individual, pero tampoco a las cruzadas medievales que terminan atribuyendo subjetividad jurídica también a los embriones congelados.

Si se quiere evitar la guerra santa contra Macmundo ( como ha escrito Barber) es necesario promover una perspectiva capaz de volver a asumir los problemas de los valores y los del desarrollo, como problemas indisolublemente unidos a la relación que corre siempre entre modo de producir y formas de vida, abandonando las posiciones resistenciales de quien llama a recoger los restos de la derrota histórica del comunismo y del socialismo para la defensa de la última trinchera. Es necesario elegir la vía del riesgo, para medirse con la única verdadera innovación que cuenta; dar sentido a nuestra breve presencia en un planeta donde la naturaleza ha tenido en suerte medirse con la inteligencia creativa de los hombres, que además parece expresarse sólo destructivamente.

6.- El gobierno de la vida

Esta perspectiva sólo es posible si abandonando viejos esquemas y las viejas categorías se logra argumentar lo que se juega en el conflicto y el terreno en el que se sitúa junto a las fuerzas que pueden colocarse de un lado y de otro.

El gran tema del próximo milenio se puede describir como guerra por el gobierno de la vida y tiene como ingredientes, unidos por un único hilo: a) la manipulación genética a todos los niveles; b) el tratamiento y la distribución de la información; c) la organización del ciclo alimentario (todos en relación circular entre ellos)

La centralidad del control de la información está implícita en los caracteres de la que se llama revolución informática, y no sólo por los aspectos relativos a la comunicación.

Es conocido que la investigación biológica mas reciente tiende a construir los modelos de la producción y reproducción de la vida como sistemas de intercambio de información, donde cada organismo está en condiciones de desarrollar su capacidad de metabolizar los input externos en relación con la mayor o menor capacidad de tratar la información que recibe.

En este sentido la puesta al día, así dicho, del propio aparato de percepción depende de la riqueza del programa que permite descodificar los mensajes externos y traducirlos al propio lenguaje interno. Es evidente que quien controla los programas para el tratamiento de la información controla un aspecto central del proceso vital.

Quien no tiene acceso a las redes mas sofisticadas y al lenguaje ( el ingles) que define los modos de interacción está destinado a precipitarse en un mundo de verdaderos y propios analfabetos sociales (Barber), pero sobre todo está destinado a sufrir pasivamente todas los condicionamientos prácticos que derivan de la propia afasia: los mensajes informáticos llegaran a ser, para la mayoría de los hombres, condicionantes prácticos de la conducta cotidiana.

Por otro lado, a medida que tienden a deteriorarse los lugares tradicionales de la socialización fundados en la presencia física de los interlocutores y en la presencia conjunta de Palabra y Cuerpo, aumentan objetivamente las posibilidades de intervenciones manipuladoras sobre las fuentes de la vida. Hay un estrecho vínculo entre la alucinante perspectiva de una manipulación tecnólogica de la vida humana, cada vez mas avanzada y la revolución informática de la comunicación, ya que la intervención manipuladora se ha hecho posible por la cada vez mas drástica separación/segregación de las partes del proceso vital del conjunto de la humanidad.

En esta aparente celebración de la artificialidad de la condición humana está implicado un proyecto de dominio de unos hombres sobre otros que se desarrolla según una lógica depredadora. La guerra del espacio de Bauman es cada vez mas claramente una guerra por el control de la información: la contraposición entre la red de Internet y la ciudad de las plazas y de los barrios (de los antiguos espacios públicos) es una metáfora eficaz del nuevo nivel del conflicto.

Naturalmente esta opinión no significa ni una invitación al luddismo, ni una mera retirada estratégica a los ghetos de aparente socialidad (como los distintos centros sociales), sino al contrario, la toma de conciencia de que ningún conflicto puede ser replanteado y ninguna política puede ser pensada fuera de este contexto de esta polarización.

1 Reelaboración de la carta abierta dirigida a Fausto Bertinotti ( Secretario General del Partido de la Refundación Comunista de Italia), tras las elecciones del 13 de Junio de 1999 y publicado en Liberazione.