La milicia de Oregón y el Mito de la Frontera

Carlo Formenti

http://blog-micromega.blogautore.espresso.repubblica.it/2016/01/19/carlo-formenti-la-milizia-delloregon-e-il-mito-della-frontiera/

Grupo de traductores de la red “Jaén, Ciudad Habitable”

19 de enero de 2016

En el capítulo XXV de El Capital, Marx, en el transcurso de una polémica sobre las causas del retraso (¡eran otros tiempos!) del capitalismo norteamericano frente al europeo, centra la atención sobre la enorme disponibilidad de tierras que amplias regiones inexploradas del continente ponían a disposición de los colonos dispuestos a arriesgarse a quitárselas a los nativos y explotarlas. ¿Por qué, se pregunta Marx, debería la gente elegir el mísero salario y las duras condiciones de trabajo ofrecidas por los propietarios de la industria de la costa oriental en comparación con la costa Oeste?

Aquella época queda lejos en el tiempo, la inmensa mayoría de los colonos y de sus descendientes trabaja hoy en las grandes ciudades, mientras que casi toda la tierra se encuentra en las manos de los monopolios agroindustriales, por lo cual se podría esperar que la cultura de los colonos, con su orgullosa reivindicación de independencia y autonomía contra el Estado Federal, fuese ya un recuerdo. Sin embargo no es así; basta pensar en la resiliencia de ciertos valores que son la base de los éxitos electorales del Partido Republicano, o de la persistencia del Mito de la Frontera en la narración cinematográfica y literaria desde el cine del oeste a la ciencia ficción. Por no mencionar el auténtico renacimiento de que tal narración ha podido gozar gracias al mito de la red, con escritores cyberpunk, jóvenes fundadores de Start-up y hackers del software y del hardware en la piel de héroes primerizos de grandes espacios virtuales abiertos, libres y salvajes (por desgracia una ilusión efímera).

No solo el mito persiste todavía, sino que a veces se representa bajo las “clásicas” apariencias de la comunidad local que se subleva para defender sus propios intereses en contra “los de Washington”. Es el caso de un tropel de miembros de la milicia de Oregón que desde hace semanas ocupan un parque natural (protegido por leyes federales) y dicen estar dispuestos a todo por defender su posición. El origen del conflicto es el derecho (reivindicado por los ganaderos y reprimido por el gobierno federal) de que puedan pastar libremente los animales por el terreno federal (restringido para proteger especies en riesgo de extinción y lugares de interés arqueológico para la cultura nativa).

Parecería un caso de manual sobre “lo común”: ¿libre acceso (con el riesgo de que la reserva en cuestión sea destruida), privatización o propiedad pública con acceso restringido? En realidad, el problema es aún más complejo en tanto que los rebeldes portan una ideología anarco-capitalista que los hace impasibles respecto a otros muchos límites impuestos por las autoridades estatales. De hecho, no es casual que la disputa (de dimensiones todavía limitadas) haya logrado la atención de los medios de comunicación nacionales y extranjeros, ya que apela a los valores de parte del electorado republicano apoyados por Donald Trump en la carrera electoral para las elecciones presidenciales. Estamos por tanto ante una paradójica dualidad entre reivindicaciones regionalistas y libertarias e ideologías de derechas (destacan las tendencias racistas y fascistas de las milicias, así como su pasión por las armas).

A propósito, el punto de vista de ciertos post-obreristas locales que exaltan el trabajo autónomo y creen encontrar en la Nueva Economía presuntas “ambivalencias”, que ofrecerían a tales sujetos la oportunidad de adquirir una autonomía real frente al capital y el Estado, por un lado evoca la nostalgia de la resistencia a la proletarización de los artesanos europeos y colonos americanos entre finales del XVIII y la primera mitad del XIX (y hasta aquí no hay queja), pero por otro corren el riesgo de asociarlos con incómodos compañeros de viaje.