“La izquierda debe refundar la alianza ilustrada”

Fabio Gambaro entrevista a Jean-Claude Michéa

http://sinistrainrete.info/articoli-brevi/6324-jean-claude-michea-la-sinistra-deve-rifondare-l-alleanza-illuminista.html

Grupo de traductores de la red “Jaén, Ciudad Habitable”

23 de diciembre de 2015

El incremento del voto del Frente Nacional entre las clases populares se debe, sobre todo, a la incapacidad de la izquierda para hablar con esa parte de los votantes”. Para Jean-Claude Michéa, de hecho, la izquierda contemporánea no tiene ya nada que ver con la noble tradición socialista. Incapaz de proponer una alternativa económica al capitalismo triunfante, se ha replegado a las batallas por los derechos civiles tan queridas por la intelectualidad progresista y en sintonía con el individualismo reinante. Nuestro filósofo francés lo explica en un breve e interesantísimo ensayo titulado Los misterios de la izquierda (Neri Pozza, traducción de Roberto Boi), en el cual analiza la deriva progresista del ideal ilustrado hacia el triunfo del capitalismo absoluto. La izquierda no solo defiende enérgicamente la economía de mercado, sino que, como ya subrayaba Pasolini, no deja de ensalzar todas sus implicaciones morales y culturales. ¡Todo esto para mayor alegría de Marine Le Pen, la cual tras haber rechazado el reaganismo del padre, cita ahora sin escrúpulos a Marx, Jaures o Gramsci!. Lógicamente, una crítica nacionalista del capitalismo global es sencillamente incoherente. Sin embargo, desgraciadamente, a día de hoy es la única idea -en el desierto intelectual francés- que está en sintonía con aquello que viven las clases populares”.

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¿Cómo explica esta evolución de la izquierda?

Aquello que todavía hoy llamamos “izquierda”, nació de un pacto defensivo contra la derecha nacionalista, clerical y reaccionaria; un pacto firmado a inicios del siglo XX entre las corrientes mayoritarias del movimiento socialista y las fuerzas liberales y republicanas que se refundaban a principios de 1789 y como herencia del iluminismo, lo cual incluye también a Adam Smith. Como señaló rápidamente Rosa Luxemburgo, era una alianza ambigua, que hasta los años sesenta posibilitó muchas luchas emancipadoras, pero que una vez eliminados los últimos vestigios del Antiguo Régimen, no podía más que desembocar en la derrota de uno de los dos aliados, lo que ocurrió al final de los años sesenta, cuando la izquierda intelectual estaba convencida de que el proyecto socialista era esencialmente “totalitario”. Desde entonces, la izquierda se ha replegado hacia el liberalismo de Adam Smith y el abandono de toda idea de emancipación obrera.

¿Por qué lo que usted llama “la metafísica del progreso” ha empujado a la izquierda a aceptar el capitalismo?

La ideología progresista está fundada en la creencia de que existe un “sentido de la historia” y que cada paso adelante constituye un paso en la dirección correcta. Tal idea se ha demostrado globalmente eficaz mientras se ha tratado de eliminar el Antiguo Régimen. Sin embargo, el capitalismo (basado en la acumulación de capital que, como decía Marx, no conoce ningún límite “ni natural ni moral”) es un sistema dinámico que tiende a colonizar todas las regiones del globo y todas las esferas de la vida humana, focalizándose sobre la lucha contra el “viejo mundo” y “las fuerzas del pasado”, por lo que para el “progresismo” de izquierda se ha vuelto cada vez más difícil desarrollar cualquier enfoque crítico de la modernidad liberal, hasta el punto de confundir la idea de que “no se puede parar el progreso” con la idea de que el capitalismo no se puede detener.

En este contexto ¿de qué manera puede la izquierda tratar de diferenciarse de la derecha?

Desde que la izquierda se convenció de que el único horizonte en nuestros tiempos es el capitalismo, su política económica ha dado un giro que ha hecho imposible diferenciarla de la política económica de la derecha liberal. De ahí que, en los últimos treinta años, solo ha intentado diferenciarse en base al liberalismo cultural de las nuevas clases medias. Es decir, en la lucha continua librada por los “sujetos oprimidos por la dominación”, según la fórmula de André Gorz, contra todos los tabúes del pasado. Sin embargo, la izquierda olvida que el capitalismo es un “hecho social” total. Y si la clave del liberalismo económico, según Hayek, es el derecho de cualquier persona a “producir, vender y comprar todo aquello que pueda ser producido o vendido” (ya se trate de drogas, armas químicas, servicios sexuales o “madres de alquiler”), está claro que el capitalismo no aceptará ningún límite o tabú. Al contrario, tenderá, como decía Marx, a hundir todos los valores humanos “en las gélidas aguas del cálculo egoísta”.

¿Por qué considera un error por parte de la izquierda el haber aceptado el capitalismo? Hay quien sostiene que se trata de una prueba de realismo…

Como escribía Rosa Luxemburgo en 1913, la fase final del capitalismo dará lugar a “un período de catástrofes”. Una definición que se adapta perfectamente a la época en la cual estamos entrando. Ante todo, catástrofes morales y culturales, dado que ninguna sociedad puede sobrevivir solo sobre la base del individualismo y del interés personal. Seguidamente, la catástrofe ecológica, porque la idea de un crecimiento material infinito en un mundo finito es la utopía más irracional que el hombre haya concebido nunca. Y, por último, la catástrofe económica y financiera, porque la acumulación mundial del capital – el “crecimiento”- está a punto de alcanzar con lo que Marx llamaba el “límite interno”. Es decir, la contradicción entre el hecho de que la fuente de cada valor añadido (y por tanto de todo beneficio) sea siempre el trabajo vivo, y la tendencia del capital a aumentar la productividad sustituyendo el trabajo vivo por las máquinas, los programas informáticos y los robots. El hecho de que las “fábricas del futuro” estén creando tan pocos puestos de trabajo confirma la tesis de Marx.

¿Por qué en este contexto es necesario considerar “la izquierda contra la izquierda?”

La fuerza de la crítica socialista nace tras haber comprendido desde el siglo XIX, que un sistema social basado exclusivamente en la búsqueda de beneficio privado conduce a la humanidad hacia un callejón sin salida. Paradójicamente, la izquierda europea ha elegido reconciliarse con este sistema social, considerando “arcaica” cada crítica radical contra tal sistema, justo en un momento en el que empieza a resquebrajarse por todas partes bajo el peso de las contradicciones internas. ¡En definitiva, no podía haber apostado por una carta peor! Por ello, hoy resulta urgente pensar la izquierda contra la izquierda.