Las nuevas servidumbres y el trabajo intelectual

Carlo Formentii

http://sinistrainrete.info/analisi-di-classe/6529-carlo-formenti-le-nuove-servitu-e-il-lavoro-intellettuale.html

Traduce Miragalla del grupo de traductores y traductoras de la red “Jaén, ciudad habitable”

Lo que sigue a continuación es la transcripción de la intervención leída el pasado abril en Pistoya (Italia) en el seminario “La cultura de masas: de la emancipación a la alienación”.

En poco más de treinta años, desde el inicio de los años ochenta hasta hoy, las conquistas de siglos de lucha de las clases subordinadas (salarios, condiciones de vida y de trabajo dignas, derecho a la asistencia sanitaria y a la pensión, mayores espacios democráticos…) han sido eliminadas sin encontrar prácticamente resistencia. Vosotros vivís, literalmente, en otro mundo en comparación con aquel en el que ha vivido mi generación.

Tal vez os sea útil conocer algún dato biográfico de quien os habla para ayudaros a entender. Tengo sesenta y siete años, no he visto la guerra, pero sí he visto otros cambios importantes. Cuando daba clases en la universidad de Lecce (ahora estoy jubilado) siempre empezaba el curso con esta nota autobiográfica, porque estoy convencido de que no existe ningún saber, ningún conocimiento, incluidos los pretendidamente científicos, que se den en el aire. Hablamos siempre desde algún punto de vista: pertenencia de género, de clase, de una época histórica y su cultura, etc. Y por tanto, mi punto de vista -aunque pueda estar dotado de autoconciencia crítica, con capacidad de distanciamiento autónomo o de autoironía- está determinado por todos estos factores.

La edad ya os la he comentado. He desempeñado diversos trabajos porque siempre he tenido la costumbre (cuando no me encontraba a gusto en un determinado trabajo) de cambiar de vida, dejando atrás lo que hoy se conoce como mi “capital social” para empezar desde cero. Mi padre era un artesano de origen campesino, nacido en 1903, así que llegó a ver la retirada de Caporetto1, los desertores que fueron recibidos en los graneros por los campesinos de su país y, cuando fueron descubiertos por la policía, fusilados allí mismo. También llegó a ver a las víctimas de la Guerra Civil Española huyendo en carros, antes de emigrar a Milán, donde comenzó a desarrollar su actividad política: primero en la juventud socialista, más tarde en el Partido Comunista de Italia; participó en la primera resistencia, en los años veinte, contra el régimen fascista y pasó por años de cárcel y exilio, para retomar la actividad política tras la Segunda Guerra Mundial. Mi madre era suiza (por eso nací en Zúrich) hija de un relojero que había emigrado a Italia para trabajar en la industria italiana. Ambos eran autodidactas: mi padre hizo los estudios básicos pero al haber sido uno de los viejos militantes comunistas, se había formado por sí solo, hasta el punto de que lo definiría casi como un aristócrata. Yo he heredado una parte importante de mi biblioteca gracias a él. Recuerdo que cuando tenía trece años me puso en la mano el primer libro de El Capital, del cual he de decir que no entendí otra cosa más que aquel señor que hablaba de una manera incomprensible, estaba muy enfadado y lograba transmitirme su rabia contra los patronos.

Comencé muy pronto a trabajar, porque estuve matriculado en la universidad pero mi familia no tenía dinero para mantenerme, así que en el 1968-69 no pude participar en los acontecimientos de mis coetáneos del movimiento estudiantil porque ya trabajaba en una oficina; por el contrario, he dado muchos disgustos a la multinacional norteamericana que me había contratado, llegando a hacer decenas de horas de huelga allí donde todavía no se había hecho ninguna. Por esto el sindicato me propuso realizar otro trabajo donde tal vez me fuese mejor, el cual fue ser dirigente sindical de los trabajadores metalúrgicos, desde el año 1970 hasta el 74. Luego llegó otro cambio. Tras las batallas contractuales de 1973 quedó claro que se había iniciado aquel descenso que encontraría su cénit en 1980 con la marcha de cuarenta mil cuadros técnicos de la Fiat. Intuyendo que el futuro de una carrera sindical habría sido el de calentar un sillón como un burócrata, me marché. Me gradué en ciencias políticas. Luego, no logrando estar en la universidad como investigador, me dediqué a ser periodista, oficio que he realizado durante más de veinte años: primero como jefe de redacción de la revista cultural mensual “Alfabeta”, revista que ha tenido un papel fundamental en mantener vivo aquello que quedaba de la cultura de izquierdas italiana, tras lo cual, cuando la revista cerró, acepté la oferta de trabajar como redactor en las páginas culturales del “Corriere della Sera”, donde he vivido la experiencia más dura de mi vida, en el sentido de que vivir y trabajar en ese lugar no ha sido particularmente agradable. Finalmente, en la última década, he vuelto a enseñar sociología de la comunicación en la Universidad de Lecce, hasta que hace dos años me jubilé y ahora me dedico a ser asesor editorial.

Esta trayectoria podría ser definida como permanencia en una posición “marginal de lujo”, una marginalidad asociada a condiciones que nuestra generación ha podido permitirse, lo que marca una diferencia radical entre nuestro mundo y el vuestro. Yo, en los años setenta, y en buena parte de los ochenta, he podido permitirme perder una impresionante cantidad de tiempo; he tardado bastante tiempo en graduarme, he realizado distintos trabajos, etc. Todo esto porque se tenía la clara sensación -a la cual correspondía un hecho real- de que nadie se iba a morir de hambre. Vivíamos en una situación en la que esos mismos saberes que construíamos mediante la experiencia de las luchas sindicales o los movimientos políticos eran reciclables en el mercado laboral.

¿Por qué todo este castillo construido durante siglos de luchas ha colapsado en treinta y cinco años? Como sabéis, las respuestas que se han dado han sido muchas: el proceso de globalización y financiarización de la economía, la capacidad de las grandes empresas de descentralizar los procesos productivos gracias a las nuevas tecnologías de la red, la posibilidad de descentralizar la fuerza de trabajo en países donde tal fuerza cuesta poquísimo, como en China y otros países del Tercer Mundo; procesos que han creado relaciones de fuerza estrechamente negativas para las clases subalternas de los países ricos o ex-ricos. La financiarización de la economía en Occidente quiere decir que el gran capital tiene mucha menos necesidad que antes de recurrir a la explotación industrial de la clase obrera para obtener beneficios. Una cantidad impresionante de beneficios que vienen hoy realizados son beneficios especulativos. Lo ha explicado mucho mejor de cuanto yo sería capaz, Luciano Gallino2, en su libro Finanzcapitalismo, así como el mismo Gallino ha descrito “la lucha de clases desde arriba” que ha estado dirigida en estos treinta años, a partir de los gobiernos de Thatcher y Reagan en Inglaterra y Estados Unidos. Una empresa de la que se ha hecho más tarde cargo la propia “izquierda”: el continuador de Thatcher en Inglaterra ha sido Tony Blair, de quien Renzi es la actual reencarnación itálica. Los gobiernos socialdemócratas han conducido, con todavía mayor radicalismo que los gobiernos conservadores, las políticas de desmantelamiento del Estado social, debilitando la relación de fuerza de la clase obrera, recortando el gasto público, etc. Hoy en Inglaterra, amplios sectores de la población viven condiciones similares a las descritas por Dickens. Los bancos de alimentos deben mantener a una cantidad impresionante de personas que no tienen dinero suficiente para comer; hay enfermedades debidas al hecho de que la gente come la comida de la basura; el nivel de asistencia sanitaria -en un tiempo la joya de la corona del bienestar inglés- ha empeorado a causa de la privatización de muchos servicios. Por no hablar de lo que está sucediendo en Grecia, un país literalmente masacrado.

¿Por qué han podido hacer esto sin encontrar resistencia? ¿Por qué no se aprovechó una correlación de fuerzas que existía entonces? Yo no creo que exista una única explicación, porque existen muchos factores integrados que convergen en la generación de los efectos de los que estamos hablando. Pero hay un punto central. Creo que todo lo que gira en torno a la revolución tecnológica que ha habido en los últimos veinte-treinta años ha desempeñado un papel absolutamente estratégico. No solo porque sin las redes computacionales el proceso de financiarización no se habría podido llevar a cabo tan rápidamente. Hoy existe una única bolsa de valores integrada a nivel global que responde en tiempo real a todo cuanto sucede en distintos mercados; tenemos transacciones financieras que se producen en fracciones de segundo; los “brokers” son reemplazados por software que analiza en tiempo real las mínimas variaciones de valor de los títulos y decide comprar o vender tales títulos en nanosegundos. Todo esto está cada vez más fuera de control de las grandes instituciones que deberían controlar la bolsa también porque muchas de estas transacciones no son efectuadas en las bolsas oficiales, sino en las “black pool”3, o sea, en las “piscinas oscuras” gestionadas directamente por instituciones financieras privadas como Goldman Sachs, J.P. Morgan, etc. Pero lo determinante no es tanto que existan estas tecnologías: es el entusiasmo con que “el progreso tecnológico” ha sido aceptado por todos desde la izquierda. No solo por socialdemócratas y laboristas, sino también por la izquierda radical como aquella que se inspira en las teorías obreristas o neo-post-obreristas de Antonio Negri. Todo el aparato cultural de la izquierda interpreta la actual transformación tecnológica como una extraordinaria oportunidad; como algo sustancialmente positivo.

Este es el primer punto. Un segundo punto es la ilusión de que un nuevo sector de los trabajadores, dotado de formación y competencias técnicas más elevadas, habría desplazado progresivamente las relaciones de fuerza a favor de la “clase creativa” o de los “trabajadores del conocimiento”. Un tercer punto que trataré es aquel que anticipaba anteriormente, refiriéndome a los efectos de la aportación que las culturas de los movimientos de los años sesenta y setenta han dado a lo que algunos autores han definido como “el tercer espíritu del capitalismo”. El espíritu del capitalismo actual se ha construido apropiándose de los valores culturales de los movimientos de 1968 en adelante: basta con leer los textos teóricos del management para darse cuenta de cómo se ha hecho una transferencia directa de los valores de creatividad, autenticidad, libertad, horizontalidad, cooperación, intercambios típicos de la cultura de los movimientos de los años sesenta y setenta, y de los “nuevos movimientos” sucesivos, pacifismo, ecologismo y feminismo. Atención, no intento atacar a la cultura de los nuevos movimientos; trato simplemente de resaltar cómo tal cultura ha escapado al control de quienes la crearon.

Y esto ha ocurrido porque el capital es la forma social con mayor capacidad de adaptación que se haya creado nunca en la historia de la humanidad. Es la oposición al capital lo que le proporciona al capital las mejores ideas para renovarse y situarlo en esa posición. Tiene una capacidad extraordinaria de usar las ideas de sus oponentes como palanca contra ellos y todo con una rapidez extraordinaria.

El cuarto punto que trataré se refiere a la creciente lucha de intereses que se ha desarrollado, sobretodo, en el interior de los países avanzados, entre las capas superiores de la clase trabajadora y la masa de los trabajadores del sector terciario “atrasado”, como comúnmente se denomina. Hoy las únicas luchas con algo de significado que se hacen en los Estados Unidos vienen de la mano, por ejemplo, de los trabajadores de McDonald, de las grandes cadenas comerciales y de otros sectores análogos caracterizados por su baja cualificación. La mayor parte de los protagonistas son chicanos, negros, puertorriqueños y otros emigrantes. Los que desarrollan comportamientos y prácticas antagonistas en las luchas contra el capital a día de hoy son prácticamente ellos. El ejemplo chino desde este punto de vista resulta espectacular. Está a punto de ser editado por parte de Jaca Book un nuevo libro de una socióloga de Hong Kong que se llama Pun Ngaiii, que describe el infierno de Foxconn. Foxconn es la fábrica donde se producen todos los reproductores, ordenadores, micro-ordenadores, i-phone, de las marcas como Samsung, Apple, Amazon y en la cual trabajan un millón y medio de trabajadores chinos (mayormente emigrantes del interior del país con orígenes campesinos). Los intereses de esta masa trabajadora súper-explotada chocan frontalmente contra los intereses de la nueva clase media china que se agolpa delante de las tiendas de Apple para conseguir el último aparato, exactamente como sucede delante de las tiendas Apple estadounidenses o de todo el mundo. El último punto se refiere a qué queda fuera de este proceso de subordinación y asimilación de la cultura neoliberal; ¿cuál es el “ afuera” que puede, de algún modo, ser el lugar, el protagonista, el sujeto, de un conflicto anti-sistema? Esta cuestión no es todavía un “¿qué hacer?”, no tengo la pretensión de delinear proyectos tan ambiciosos en una situación catastrófica como la actual; es solo el intento de iniciar un razonamiento sobre las prospectivas de resistencia en las luchas de los automatismos del mercado y de un sistema político que ya no tiene sustancialmente ninguna autonomía frente al mismo. De aquí hay que partir: nosotros ahora vivimos en un sistema plenamente post-democrático. La democracia representativa ya no existe, solo queda como un mero ritual. Hoy los Estados Unidos son, de hecho, un sistema oligárquico censitario: más de la mitad de los senadores y de los miembros del congreso forman parte del famoso 1% de súper ricos denunciados por los militantes del movimiento Occupy Wall Street. Un puesto en el congreso se compra, es una inversión; para resultar electos se necesita invertir millones de dólares, que llegan desde los “lobbies” de las grandes empresas que financian las campañas electorales de quien velará por sus intereses. Hoy ya no existe la política, las finanzas, la economía; existe una oligarquía donde estos elementos se entrelazan y a veces coinciden en la misma persona. El actual sistema neoliberal no es el viejo sistema liberal. Ha cambiado de naturaleza, ha mutado radicalmente. Si leéis La riqueza de las naciones de Adam Smith, encontraréis una serie de reflexiones de tipo ético y moral que no tienen ya sentido alguno desde el punto de vista del actual liberalismo. Cuando se pregunta “¿pero por qué hacen cosas que parecen suicidas y disparatadas?” ¿Por qué insisten con políticas que -como en el caso de Grecia- en lugar de resolver el problema lo agravan? ¿Tal vez estén locos? No, no están locos, El hecho es que el neoliberalismo es un intento de producir una mutación antropológica. Quieren construir un nuevo hombre: el emprendedor de sí mismo. Se construye un modelo por el cual tú eres el titular de tu “capital” (capital social, capital reputacional, etc.). Tú eres el responsable del modo en que te mueves por el mercado en competición contra todos los demás. Esto sirve para los individuos, para las empresas pequeñas, medias o grandes que haya y para los estados, compitiendo entre ellos para crear condiciones que atraigan las inversiones de las multinacionales sobre su territorio, reduciendo impuestos, creando condiciones más favorables, creando, como ha hecho China, zonas especiales en donde son suprimidas todas las leyes referidas al trabajo. Foxconn, por ejemplo, puede operar -con el apoyo del Partido Comunista y de las administraciones locales- haciendo caso omiso de todas las leyes laborales del país: se trabaja durante doce, catorce o dieciséis horas al día, se trabaja a partir de los doce-trece años y los estudiantes de las escuelas profesionales son usados para hacer las prácticas en cadenas de montaje que poco o nada tienen que ver con su programa académico. Por otra parte, se llevan a cabo procesos de cooptación que, en algunos casos, resultan muy efectivos: los empleados de Google, Facebook o Amazon, gozan de auténticos privilegios: altos salarios, beneficios de diverso carácter, etc. Pero se trata de una pequeña minoría: la mayor parte de los que trabajan para subcontratas, como aquellos que lo hacen desarrollando aplicaciones -promotores independientes o microempresas que trabajan para los colosos de las industrias hi-tech- compiten ferozmente entre ellos para alcanzar salarios de miseria. Y también están integrados a su vez en esta ideología del emprendimiento de sí mismo, del trabajo autónomo como valor.

En los años setenta se hablaba del “rechazo al trabajo”. Era un fenómeno real: huir de las cadenas de montaje, la fuga del trabajo independiente, impulsaba claramente a aquella generación. Después de encontrarse atrapados en una máquina infernal que los ha marginado completamente. Conocí a muchos trabajadores y muchos dirigentes sindicales de Alfa. Cuando Alfa comenzó a desmantelar las fábricas, muchas de estas personas impulsaron sus pequeñas empresas que operaban como subcontratistas de la misma Alfa o de otros procesos productivos, sobre todo alemanes. Pero la mayoría de estas pequeñas empresas han sido masacradas debido a la convergencia internacional de países que ofrecen una fuerza de trabajo a costos mucho más bajos; el famoso milagro de los distritos industriales venecianos ha sido barrido de esa manera. Los valores de autonomía, independencia y creatividad que se enarbolaban en aquellos años los encontramos hoy en los manuales de management donde se escribe que la jerarquía ya no vale nada, que el jefe debe ser un líder, debe ser portador de una visión y debe ejercitar un liderazgo carismático; se trabaja para proyectos, en equipo, etc. Aparentemente se ha llevado a cabo un proceso de horizontalidad de la estructura empresarial, y también de la estructura administrativa, política y social. Todo parece devenir horizontal, todo parece estar democratizado. Pero si observáis qué hay realmente tras todo esto, encontraréis una extraordinaria concentración de los procesos de toma de decisiones. Por ejemplo, se describe la red como un potente instrumento de democratización de la comunicación: todos pueden hablar, todos pueden tener su propio blog o perfil de Facebook; qué pena que el 99,99% de estas páginas tenga tres lectores, mientras que el 0,1% pueda tener cientos de miles o millones. El libro de un estudioso franco-australiano, titulado Cyberchiefs4, analiza cómo se concentra el capital relacional y reputacional en la red: a la aparente horizontalidad de los procesos corresponde un radical proceso de concentración/verticalidad. Ahora, pensad en la trayectoria desarrollada respecto al software open-source, nacido como proyecto libre y espontáneo, compartido por una comunidad de impulsores independientes conectados por medio de la red, pero hoy convertido en una máquina de guerra de generación de beneficios. La new economy (el “capitalismo inmaterial”) de las grandes compañías de internet es descrita como una especie de barón de Munchausen que se eleva tirándose de su propia cola, pero los que soportan sobre sí los pies del barón son millones y millones de trabajadores totalmente explotados de los países en vías de desarrollo. La democratización de la economía que se prometía en los años noventa, cuando se decía que las start-up serían capaces de competir con los grandes colosos del mercado, se ha traducido en un monstruoso proceso de concentración monopolística, hasta el punto de que el CEO5 de Google, Schmitt, ha podido afirmar que “hoy el mercado está dominado por los cuatro fantásticos, como cuatro grandes hermanas: Google, Apple, Amazon y Facebook”. Y las start-up compiten entre ellas para ser compradas por una de estas empresas y, cuando lo consiguen, sus innovaciones son desechadas para no turbar los equilibrios del mercado.

Añado algo más sobre la idea de que el trabajo denominado inmaterial sería de por sí portador de un mayor nivel de autonomía y creatividad. Aquí viene bien una frase de Simone Weiliii “el sueño del ser humano es convertirse en una máquina”. Esta frase me ha recordado que hay un aspecto de la teoría marxista en el que ya no me reconozco (por lo demás, Marx decía a menudo “yo no soy marxista”). Marx continúa suministrándonos extraordinarias herramientas teóricas para entender cuanto sucede hoy día, aunque algunas de sus ideas ya no sirven debido a que son producto de una cultura decimonónica. En el famoso Fragmento sobre las máquinas de los Grundrisse, por ejemplo, escribía que, cuando el conocimiento científico y tecnológico incorporado en el sistema automático de las máquinas lograse niveles de desarrollo determinados, la idea de medir el valor de un producto con el tiempo de trabajo necesario para producirlo ya no tendría ningún sentido. Entonces estaremos en el umbral de la emancipación de la fuerza de trabajo: el trabajo vivo será capaz de derribar fácilmente (con un clic de ratón, diríamos hoy) el dominio parasitario del capital sobre el proceso productivo ahora totalmente determinado por el desarrollo científico y tecnológico y que podrá ser directamente administrado por los propios trabajadores. Pero esta visión presupone que capital y tecnología puedan ser fácilmente separados. Sin embargo hoy vemos cómo la máquina informática (no solo redes computacionales y software, sino también modelos organizativos, cultura empresarial, etc.) tiene la capacidad de reducir drásticamente la autonomía del trabajador: son modelos que determinan a priori qué cosa puede o no puede hacer, son modelos mentales que no se limitan a exteriorizar la memoria y el control de los datos, condicionando las normas del pensamiento. Así, por medio de la pedagogía del trabajo autónomo, del emprendimiento de uno mismo, se construye una ética del trabajo que elimina la frontera entre tiempo libre y tiempo de trabajo, que induce a trabajar también cuando se está enfermo, a pasar por alto los sentimientos, a la autoexplotación, a una despiadada competición de todos contra todos. Para soportar este estado de cosas, proliferan las invitaciones a practicar la meditación trascendental. En las webs americanas parece que la meditación se haya convertido en la clave para ser felices (la felicidad depende de ti, medita y comprenderás que dieciocho horas de trabajo al día son tu destino; es lo mejor para ti; es la perfección que puedes alcanzar). Ha sido construido un dispositivo cultural y antropológico que es una máquina infernal de la que aparentemente es muy difícil encontrar una salida. Dos autores franceses, de formación focaultiana, Dardot y Lavaliv, han escrito un libro muy interesante respecto a este dispositivo, pero al final ¿qué proponen como solución? Las contra-prácticas, las contra-conductas, en base al rastro del último Focault del cuidado de uno mismo. Pero yo pienso que no es sobre el plano individual que podamos librarnos de ello, construyendo una ética y una práctica alternativa a lo que viene enseñado desde la universidad, la publicidad, los medios de comunicación, el jefe o desde los partidos o hasta en los movimientos (ver los errores generados por los principios feministas del “partir de uno mismo” y del “lo personal es político”). Junto al pensamiento feminista radical, por ejemplo, ha ido creciendo una cultura feminista “mainstream” que ha desarrollado una función importante en los procesos de “feminización del trabajo” echando abajo las relaciones de fuerza del trabajo masculino por medio de la incorporación masiva de las mujeres al mercado laboral (sin mejorar en absoluto la condición femenina en el trabajo o en sus vidas). Lo políticamente correcto, que impera hasta la paradoja en la cultura americana, sirve para hacernos olvidar que las mujeres continúan ganando el cuarenta y cinco por ciento menos que los hombres, que continúan siendo recluidas en roles secundarios a ser explotadas por poner en tela de juicio la flexibilidad, la disponibilidad, la capacidad del cuidado, etc.). La ecología, a su vez, se ha transformado. Mientras debería ayudarnos a entender que, si no echamos abajo el sistema capitalista, estamos condenados a la extinción en un tiempo relativamente corto, el movimiento ecologista ha perdido progresivamente su carga anticapitalista. El partido verde europeo más potente, el partido alemán, ha votado leyes anti-obreras, ha votado los créditos de la guerra en los Balcanes, ha hecho cosas horrendas. Como dice Boltanskiv, desde 1968 se han separado las dos críticas al capitalismo: la crítica social y la crítica artística. La crítica social es la tradicional del movimiento obrero, es la crítica de la injusticia social que reclama la redistribución del poder y del dinero, que invoca una democracia real, no formal. La crítica artística es por el contrario la que reivindica la autenticidad, la libertad, la creatividad. La crítica social ha sido masacrada y la artística ha sido integrada en la cultura del sistema. ¿Qué queda fuera de este dispositivo de dominio? Yo soy pesimista respecto a Europa. Mejor que nosotros están los Estados Unidos, donde se dan las luchas del sector terciario, de las grandes cadenas comerciales como Wall Mart, un coloso que tiene más dependientes que Foxconn en China. El trabajo terciario aumenta monstruosamente en América porque la vida que llevan los trabajadores del conocimiento hace que se necesiten siempre más servicios mientras son mercantilizadas las actividades del cuidado y el afecto humano que anteriormente estaban garantizadas gratuitamente por las estructuras familiares. Hoy estas prestaciones son servicios retribuidos, un sector que implica una cantidad creciente de fuerza de trabajo, de trabajadores que empiezan a organizarse y a luchar.

Sin embargo soy más optimista en lo que respecta a los países en vías de desarrollo. Antes citaba la Foxconn: la situación china se ha transformado dramáticamente tras las reformas de los años ochenta, a causa de las condiciones de los trabajadores, que son mayormente emigrantes de zonas del interior, cientos de millones de campesinos urbanitas privados de derechos como los inmigrantes irregulares aquí en Europa. El trabajador chino urbanita no tiene derecho a residencia y a la asistencia sanitaria, no goza de los derechos de los otros ciudadanos. Por tanto, está obligado a vivir en los complejos de las empresas para las que trabaja, que son auténticos campos de concentración. Es una forma de esclavitud de millones de personas, que están empezando a enfadarse y a luchar: salen de las fábricas, bloquean las calles y vías de tren y se organizan también haciendo uso alternativo y creativo de las redes sociales que favorecen la construcción de redes de sindicalización y de resistencia más allá de los límites de la fábrica. Lo hermoso es que muchos de estos jóvenes militantes sindicales se declaran neo-maoístas. Es curioso porque para esta generación, Mao es solo un icono que acampa en la Plaza Tien-an-men: han nacido después de la Revolución cultural, no tienen idea de los auténticos méritos y deméritos de Mao: para ellos Mao es solo el símbolo de una política igualitaria; una política que trataba de llevar a cabo la igualdad entre los ciudadanos chinos, frente a la política y a la economía de hoy que han producido las mayores desigualdades que existen a nivel mundial (el índice de Gini chino, como sabéis, es un índice estadístico que mide la desigualdad salarial en un país, y es el mayor del mundo). Hay esclavos que trabajan para Foxconn por un puñado de monedas y están aquellos que celebran bodas como las que se han visto recientemente en Shanghai, con doscientas limusinas de nuevos ricos. Así pues, crece una extraordinaria tensión que propone la lucha de clases en sus formas más clásicas, más duras, más feroces.

Lo mismo sucede en Sudáfrica con los trabajadores de las minas. Pero la experiencia que más me ha intrigado, porque he podido hablar en primera persona con sus protagonistas, son las de algunos países de América Latina. Viendo cómo actúan los movimientos indígenas “campesindios” (como lo llaman los agricultores de la India) me he dado cuenta de que estaba ante a un ejemplo particularmente significativo de aquello que puede ser a día de hoy una dimensión de externa (el ejemplo del “afuera” anteriormente citado) a este sistema. Por una serie de sucesos históricos ocurrió que estas culturas comunitarias agrícolas fueron marginadas y condicionadas a continuar auto-reproduciéndose con métodos de trabajo y de vida similares a los de las culturas precolombinas. Los colonos españoles primero y los gobiernos republicanos instaurados por las revoluciones bolivarianas decimonónicas, después, se preocuparon solo de que pagasen los impuestos, dejando la gestión de la comunidad local a los jefes tribales. Naturalmente estas formas han evolucionado sucesivamente mezclándose con otras culturas. Muchos de estos campesinos se han hecho urbanitas, han ido a la universidad, han sido los intelectuales de un movimiento indígena que ha cambiado de dirección en los años noventa. Hasta entonces, los campesinos habían dirigido luchas sindicales lideradas por los partidos comunistas y socialistas, pero a partir de 1992 (el año simbólico del quinto siglo desde el inicio de la colonización de América del Sur) se ha iniciado el redescubrimiento de sus raíces culturales que ha cambiado completamente la lógica de estos movimientos. Las grandes movilizaciones de los años noventa y del primer decenio del año 2000, que han derrocado a los gobiernos neoliberales en Ecuador y Bolivia, han sido movilizaciones étnicas más que político-sindicales.

Si es cierto, como ya ha escrito alguien, que todas las revoluciones comunistas las han hecho los campesinos, no los obreros (basta con pensar en la revolución rusa, china, vietnamita o cubana) aquí encontramos una confirmación que nos lanza un desafío teórico. Un desafío compilado por los intelectuales marxistas latinoamericanos que han reclamado la atención sobre el cambio teórico realizado por Marx en su última etapa. Marx en los años setenta del siglo XIX entra en contacto con los intelectuales populistas rusos, que reclamaban su adhesión a la Internacional y que tradujeron El Capital en Rusia. Intrigado por sus discursos, estudia ruso y se pone a leer los trabajos de algunos de ellos. De esta mantera realiza algunos descubrimientos que le harán replantearse su punto de vista progresista/evolucionista. En primer lugar, había insistido siempre en la necesidad de desarrollar las fuerzas productivas, valorando positivamente la destrucción de las viejas culturas feudales, asiáticas, comunitarias, etc. Porque pensaba que para alcanzar el socialismo sería primero necesario someterse al capitalismo. Leyendo a los populistas, aprende la existencia en Rusia de una forma social particular, la Obščina, una tierra explotada de manera comunitaria que había tomado un papel importante tras la abolición de la servidumbre de la gleba (en 1861): en lugar de transformarse en pequeños emprendedores agrícolas, los campesinos rusos continuaron viviendo en una dimensión que no contempla la propiedad privada de la tierra. La propiedad es de la comunidad, que la gestiona de manera democrática por medio de las asambleas de los ancianos del lugar (el Mir) en las que se discute y se decide todo aquello que se refiera a los bienes comunes, mientras que el usufructo de la tierra corresponde a las personas individuales. Por tanto Marx comienza a preguntarse si no tendrían razón aquellos autores que sostenía que, en lugar de someterse al capital, sería mejor aprovechar estas estructuras comunitarias para saltar directamente a una sociedad socialista.

El sueño del último Marx ha sido borrado por Stalin que, tras haber matado a millones de campesinos, impuso su colectivización forzada de las campiñas rusas, destruyendo la cultura espontáneamente socialista y democrática para construir una industrialización y colectivización forzadas. Por desgracia, la izquierda marxista nunca ha admitido la existencia de estructuras sociales no capitalistas que podrían evolucionar en una dirección alternativa sin pasar por procesos de modernización. Han quedado atrapadas por el mito del progreso. No han entendido que no existe el progreso: existen solo relaciones de fuerza entre clases sociales; existe un capital que trata de colonizar el mundo entero: naciones, pueblos y territorios, pero también los mundos interiores, mercantilizando todas las relaciones sociales que no han sido aún mercantilizadas; transformando en mercancías-servicio las relaciones gratuitas que existen dentro de las familias y de las comunidades.

¿Desde el “afuera” que he descrito anteriormente nos llega alguna indicación de qué hacer? No. Porque la historia no contiene un destino inmanente y necesario, no sigue un camino marcado. La historia puede ir adelante y atrás, puede proceder en espiral, puede tener ramificaciones laterales y todo depende también de factores contingentes, como podría ser la entrada en juego de nuevas generaciones. Alguno de vosotros se preguntará “¿pero cómo se consigue actuar en red?” La única respuesta que podemos dar es “¿Y yo qué sé?” Sois vosotros quienes debéis inventar un mundo nuevo creando relaciones, vínculos, yo no soy uno de los que piensa que hoy se pueda rehacer la idea de partido. El partido del siglo XIX está muerto y sepultado. Hace algunos días, discutiendo conmigo sobre el fin de la socialdemocracia y del comunismo, Bertinottivi dijo “simul stabunt, simul cadebunt” (juntos estarán, juntos caerán); el reformismo y su forma decimonónica del partido revolucionario han caído juntos. ¿Hay experiencias nuevas e interesantes? Sí, considero interesante lo que están haciendo en Bolivia. No quiere decir que vaya a ir todo bien: puede ir fatal como ha sucedido en Ecuador, donde el proceso revolucionario se ha bloqueado, como cuento en mi último libro6. Pero aunque vaya a terminar así, han puesto en marcha un proceso político que, en lugar de construir un partido monolítico, ha construido una asociación de asociaciones. El MAS (Movimiento Al Socialismo) es una federación de sindicatos campesinos, sindicatos de obreros mineros, ONG, movimientos sociales urbanos, etc. Esta forma política ha sido criticada por “neo-corporativiza”; porque está tratando de colonizar las instituciones del estado boliviano, transformándolas en cámaras de contratación permanente entre los intereses establecidos de todos estos sujetos, los cuales pueden colaborar entre sí porque tienen un adversario común, es más, un enemigo común, que es el neoliberalismo. Yo uso siempre el término “enemigo” porque no soy un pacifista. Soy partidario de la guerra de clases, tras lo cual sé que esta no se puede hacer como se hizo en un tiempo porque deberíamos combatir contra un ejército de asesinos profesionales, armados hasta los dientes. Pero, aunque tampoco la lucha frontal no se pudiera llevar a cabo, sí se pueden construir movimientos de masas por medio de estas nuevas formas federadas. Debemos conseguir romper la jaula de acero que ha sido construida alrededor de nosotros tan rápidamente. Pero está claro que si no la rompéis vosotros, no la romperá nadie. Nosotros somos momias, brontosaurios, que se mueven lamentándose en el desierto que se les ha creado alrededor; si sobrevivimos es solo (al menos en mi caso) empujados por la curiosidad. Soy curioso. En esta época histórica suceden un montón de cosas… cosas terribles sobre todo, pero es como ver una película de acción (confieso que adoro las películas serie-B de acción, mucho más que algunas de autor). Por lo tanto, me mantengo vivo con la curiosidad. No me parece tan terrible aquella maldición china que rezaba: “que vivas tiempos interesantes”.

NOTAS BIOGRÁFICAS:

1 La batalla de Caporetto tuvo lugar desde el 24 de octubre hasta el 9 de noviembre de 1917. El combate se libró en las cercanías de Kobarid (Eslovenia) en la frontera austroitaliana, donde se encontraba el frente italiano durante la Primera Guerra Mundial. Las unidades del ejército italiano que habían sobrevivido a la ofensiva estaban agotadas, desordenadas y carentes de la mayor parte de sus equipos bélicos, por lo cual no podrían mantener una línea de defensa organizada. Ante ello Cadorna se vio obligado a ordenar que la retirada continuase hacia el sudoeste del Tagliamento, seguidos los soldados por una masa de decenas de miles de refugiados civiles italianos. El botín de la ofensiva austroalemana fue cuantioso, y la derrota del ejército italiano una de las peores de toda la Gran Guerra. Más de 270.000 italianos fueron capturados por los austriacos, y otros 300.000 italianos que lograron huir del desastre tuvieron que ser reorganizados y reequipados al abandonar casi todo su bagaje militar.

2 Luciano Gallino (Turín, 1927-Turín, 2015). Fue un sociólogo, escritor y docente universitario de sociología italiano. Ha contribuido a la institucionalización de la sociología tras el final de la Segunda Guerra Mundial y está considerado como uno de los más expertos italianos de la relación entre nuevas tecnologías y formación, así como de las transformaciones del mercado de trabajo. El libro al que se refiere Carlo Formenti de Gallino en su intervención es “ Finanzcapitalismo. La civilización del dinero en crisis” (Einaudi, 2011).

3 Las “black pool” odark pool” son plataformas financieras privadas (interbancarias) en las que se contrata de forma anónima, Son mercados paralelos a las bolsas “oficiales” de enormes dimensiones (se estima que acogen un tráfico cuantificable en 15.000 millones de dólares al día, mientras la Comisión Europea evalúa que más del 10% de las operaciones de bolsa en la Eurozona se lleva a cabo a través de tales sistemas) y que escapan a todas las normas. Además, gran parte de las transacciones financieras no se efectúan por operadores humanos, sino mediante ecuaciones matemáticas que reaccionan en tiempo real a las mínimas fluctuaciones de valor de las acciones, comprándolas y vendiéndolas cantidades estratosféricas en milésimas de segundos (lo que se denomina high frequency trading, HFT). Por ello, algunos países como Alemania, Canadá y Australia, están evaluando la posibilidad de imponer un “límite de velocidad” a las operaciones. Esas mismas iniciativas han fracasado en EE.UU ya que algunos “expertos” señalan que ellas sólo pueden beneficiar a la economía (Huffington Post de 26/3/2013).

4 El libro “Cyberchiefs. Autononomy and Authotity Online Tribes” (“Cyberchiefs: autonomía y autoridad en las tribus Online”) es del sociólogo franco-australiano Mathieu O’Neil y fue publicado por la editorial Pluto Press en abril de 2009. El libro analiza las estructuras de poder presentes en la web sin limitarse a celebrar acríticamente la autonomía que la red daría a sus usuarios.

5 En inglés se utiliza la expresión chief executive officer (literalmente «oficial ejecutivo en jefe» u «oficial superior») o su acrónimo CEO.

6Magia blanca, magia negra. Ecuador: la guerra entre culturas como guerra de clases (Jaka Book, 2014), libro en el que Carlo Formenti avanza un conjunto de críticas de un experimento político que ha avanzado sólo en una parte de la vía para alcanzar una efectiva emancipación del país andino frente a las reglas que el capital global impone a los pueblos del mundo. En el aspecto positivo hay que destacar la reestructuración de la deuda pública y los acuerdos con las multinacionales, su distanciamiento respecto a las instituciones del “Consenso de Washington”, la política fiscal redistributiva, las inversiones sociales (infraestructura, sanidad y educación), la lucha contra la pobreza y la desigualdad y las opciones anti-imperialistas en política exterior. No es poca cosa, lo que no puede hacer olvidar el lado negativo: la ausencia de una reforma agraria y una política económica extractivista que hace a Ecuador un país dependiente del mercado global de los hidrocarburos, junto a la no aplicación de la Constitución probada en 2008 tanto en materia de tutela medioambiental como en el desarrollo de nuevas instituciones de democracia directa y participativa, la política represiva de la izquierda indigenista y, sobre todo, la construcción de un régimen presidencial en línea con la tradición de los populismos carismáticos latinoamericanos.

i Carlo Formenti nace el 25 de septiembre de 1947 en Zúrich (Suiza). Se gradúa en Ciencias Políticas en la Universidad de Padua, con una tesis en Sociología del Trabajo. De formación marxista, en los años 70 milita en el Grupo Gramsci, que nació de la disgregación del Pcd’I. Entre 1970 y 1974 trabaja como liberado sindical de la Federación de Trabajadores Metalmecánicos (FIOM-CGIL) como responsable provincial para empleados y técnicos. Tras la disolución del Grupo Gramsci, participa en la fase inicial de la experiencia de Autonomía Obrera, de la que se aleja progresivamente a mediados de los 70. Entre 1980 y 2006 trabaja como periodista profesional: de 1980 a 1989 como jefe-redactor de la revista mensual Alfabeta, después como redactor cultural del semanario el Europeo y finalmente también redactor cultural del diario Corriere della Sera. Del año académico 2002/2003 al de 2005/2006 fue profesor contratado en Teoría y técnica de los nuevos medios de comunicación en el Curso de Graduación en Ciencias de la Comunicación de la Facultad de Letras y Filosofía de la Universidad del Salento. En febrero de 2006 gana un concurso de investigación y es contratado por dicha Facultad. En su tarea publicística queremos destacar aquí sus libros dedicados al trabajo y las nuevas tecnologías: “El fin del valor de uso” (Feltrinelli,1980), “Pequeños apocalipsis” (Raffaello Cortina Editores,1991), “Encantados de la Red” (Raffaello Cortina Editore, 2000), con el que comienza a sistematizar su análisis sobre las dinámicas de la red, que sigue con “Mercados de futuro Utopía y crisis de la Net Economy” (Einaudi, 2002), en el que aborda la relación entre la new economy, la libertad de la red y el capitalismo y completando la trilogía con “Cybersoviet. Utopías postdemocráticas y nuevos medios de comunicación” (Raffaello Cortina Editore, 2008). Con el libro “Felices y explotados. Capitalismo digital y eclipse del trabajo”(Egea, 2011) afronta el tema del trabajo cognitivo y su explotación. En 2013 publica “Utopías letales. Contra la ideología postmoderna” (Jaka Book editorial) en polémica con algunas de las construcciones ideológicas de los nuevos movimientos sociales, al que le seguirían “Magia blanca magia negra. Ecuador: la guerra entre culturas como guerra de clases (Jaka Book, 2014) y, por último, “Rojo de noche”, con Fausto Bertinotti ( Jaka Book, 2015).

ii De la investigadora social taiwanesa Pun Ngai, una de las más importantes estudiosas de las transformaciones del trabajo en China, se han editado, dos libros: “China. “La sociedad armoniosa. Explotación y resistencia de los trabajadores migrantes” en italiano (Jaca Book, 2012) y “Morir por un Iphone . Apple, Foxconn y las luchas de los trabajadores en China”, de Pun Ngai, Jenny Chan y Mark Selden (la edición en español de Editorial Peña Lillo, Ediciones Continente, 2014 y Jaca Book, 2015 en italiano), que describen el lado oscuro de la producción electrónica, sobre las trabajadoras y los trabajadores de una marca famosa, Apple, y la empresa que trabaja para ella, la Foxconn, con un régimen de fábrica-dormitorio. El mismo Carlo Formenti, en sui libro “Utopías letales” comenta el primer libro de la investigadora. Quizás sea de interés extender ésta nota con algunos extremos del autor al respecto: Pun Ngai (“La sociedad armoniosa”) señala la evolución de la composición de clase en China: 200 millones de campesinos chinos “deportados” del campo a las ciudades para ser incorporados al trabajo asalariado (el 10% de esta nueva masa obrera trabaja para multinacionales extranjeras y representa el núcleo duro de la producción de beneficios globales), contribuyendo al aumento de la ocupación industrial a escala planetaria (hemos pasado del 51% de 1980 al 73% de 2008). De cara a la consideración de la clase en sí y para sí, Pun Ngai aclara cómo el proceso de proletarización de China ha atravesado dos fases, maoísta y post-maoísta, y cómo ambas fases no han sido el resultado espontáneo de las leyes de mercado, sino un preciso diseño político del partido comunista. Las “zonas especiales” se transformaron en un gigantesco experimento socio-económico para la formación de una enorme reserva global de mano de obra barata, privada de derechos civiles y sociales. El uso de tecnologías avanzadas se acompaña con la prolongación de la jornada de trabajo, generando una inédita adición entre plusvalía relativa y plusvalía absoluta. El “régimen de dormitorios” es peculiar: al no disponer de permisos de residencia son alojados en dormitorios que están junto o en los lugares de trabajo, su vida se desarrolla enteramente entre los muros de estas galerías industriales, constituyendo el lugar de la recomposición de la unidad del sujeto de clase y de su maduración política (a pesar de las enormes dificultades y divisiones étnico-lingüísticas y de género -son mujeres la mayoría de esta clase obrera naciente- y los elevados niveles de de desplazamientos (turnover). Las primeras formas de resistencia asumieron a menudo la forma de la auto-lesión y el suicidio (señaladamente en la Foxconn, un gigante de capital taiwanés que emplea a más de un millón de trabajadores para ensamblar componentes de hardware para la Apple y otros colosos de la industria hi tech norteamericana). Después, el espíritu de solidaridad fue creciendo hasta superar las barreras étnico-lingüísticas y los lazos de clan. Según datos oficiales las huelgas desde los años 90 a 2005 pasaron de 10.000 a 87.000. Los jóvenes obreros utilizan los nuevos media (sobre todo smartphone y plataformas de microblogging) para coordinar las luchas entre sedes diversas de una misma empresa. Muchas veces son acciones espontáneas y auto-organizadas (“Nosotros somos todos representantes”) y llevadas a cabo por jóvenes que no manifiestan fidelidad al propio empleo y orgullo profesional, tendiendo a reivindicar concretos e inmediatos incrementos salariales, para acceder a los consumos de los que disfrutan sus coetáneos más afortunados. Al mismo tiempo, de modo aparentemente contradictorio, muchos de ellos reivindican la pertenencia a una ideología maoísta de la que no tienen memoria histórica y que en el país se ha intentado extirpar por todos los medios . Del economista Minqi Li//Pun Ngai (The Hong Kong University of Science and Technology) y Minqi Li (University of Utah) Venezia – Domenica 23 ottobre – I paradossi cinesi come paradigma della contemporaneità, puede verse y oírse su participación en un encuentro organizado en Italia: http://www.globalproject.info/it/produzioni/Venezia-Domenica-23-ottobre-I-paradossi-cinesi-come-paradigma-della-contemporaneita/9781).

iii La filósofa francesa Simone Weil (Paris, 1909-Ashford, 1943) redactó sus “Ensayos sobre la condición obrera” ()que se publicó en 1951, años después de su muerte) relacionados con sus anteriores “ Reflexiones sobre las causas de la libertad y la opresión social” (1934) tras trabajar como operaria durante 1934 y 1935 en la Alsthom Electrical Works de París, como estampadora en la fábrica Carnaud et Forges de Basse Indre, en Billencourt y como fresadora en la Renault de Boulogne-Billencourt que le llevó a escribir que “allí recibí para siempre la marca del esclavo, como la marca de hierro candente que los romanos ponían en la frente de sus esclavos más despreciados. Desde entonces siempre me he mirado como una esclava” (Simone Weil, Espera de Dios). De esa experiencia Simone Weil consideraría que el desarrollo de las fuerzas productivas no podían constituir el motor del progreso social ya que el mismo sólo desarrolla y amplía la opresión derivada de la forma que adopta el trabajo en la gran industria, que no bastaba con socializar los medios de producción si se continuaba con su división del trabajo, la tecnología y la jerarquía vertical de su organización en el marco de una competencia por el crecimiento económico entre las empresas. Sin construir algo distinto a ello, “el sueño del ser humano es convertirse en una máquina”.

iv Christian Laval (sociólogo) y Pierre Dardot (filósofo) son dos autores franceses, de formación focaultiana, Dardot y Laval. En 2013 se publicó en castellano (editorial Gedisa), “La nueva razón del mundo”. En 2015, en esa misma editorial, apareció su último libro titulado “Común: Ensayo sobre la revolución en el siglo XXI”. En el primero de los ensayos citados emprenden una ambiciosa reconstrucción de la historia y el presente de lo que ellos llaman la nueva razón del mundo. “El neoliberalismo es una forma de vida, no sólo una ideología o una política económica”. Ellos explican que el neoliberalismo es algo muy distinto del laissez faire smithiano. La exaltación del trabajo denominado “autónomo” (trabajo externalizado con elevada precariedad y sin derechos sociales), la privatización del welfare, la construcción de un “hombre nuevo” convencido de ser emprendedor de sí mismo (individualizado y desinteresado de las formas de tutela colectiva de sus propios intereses), la exaltación de la competencia entre los individuos, las empresas y los países (y por ello de la productividad) como valor absoluto, el nuevo papel del Estado, con la función de garantizar las condiciones óptimas del funcionamiento del mercado, no reflejan nostalgia vallettiana (Valletta fue presidente de la Fiat en los años 50 del siglo XX, su periodo de expansión, ndt.) sino estrategias hipermodernas de un neocapitalismo a la manera de Marchionne.” (actual director ejecutivo de Fiat Group, Fiat Group Automobiles y Chrysler Group LLC, ndt. Fuente: Carlo Formenti “Basta sindicati. Il manifesto neoliberista del “Corriere http://blog-micromega.blogautore.espresso.repubblica.it/2015/09/28/carlo-formenti-%E2%80%9Cbasta-sindacati%E2%80%9D-il-manifesto-neoliberista-del-%E2%80%9Ccorriere%E2%80%9D/). En el segundo, analizan las luchas que proliferan hoy en día por todas partes y proponen “lo común” como el término central de una alternativa política para una revolución del siglo XXI.

v Boltanski , discípulo de Pierre Bourdieu, director honorario de investigación de la École des hautes études de ciencias sociales de París y fundador del Grupo de sociología política y moral, es uno de los exponentes más originales de la teoría crítica contemporánea. Su libro “El nuevo espíritu del capitalismo”, escrito junto a Chiapello (en castellano fue publicado en 2002 por la editorial Akal, Colección Cuestiones de antagonismo, con traducción de Marisa Pérez Colina / Alberto Riesco Sanz / Raúl Sánchez Cedillo), que es ya un clásico de nuestro tiempo, descifra la doble cara de la crisis. Tanto la del capitalismo como de la crítica de este modo de producir y de existir, que se ha convertido en un destino sin alternativas aparentes. El más autorizado análisis de la gran transformación que ha vivido el mundo occidental, modificando la estructura productiva, social y el estilo de vida. El paso de un sistema rígido y jerárquico a un retículo flexible de proyectos basados en la iniciativa, la autonomía y la implicación total de quien trabaja. Una libertad pagada con la destrucción de la seguridad material y psicológica. El nuevo espíritu del capitalismo triunfa porque integra una necesidad difusa de autenticidad, transformando en mercancía para el consumo el contenido de las críticas al sistema manifestadas desde el 68 hasta hoy. Una forma astuta de explotación que hace impotente o cómplice toda crítica social elaborada hasta el día de hoy. El libro anima a inventar formas de disenso eficaces y creíbles de afrontar el espíritu y los espectros del capital del siglo XXI.

vi Fausto Bertinotti (Milán, 22 de marzo de 1940). Fue secretario general del Partido de la Refundación Comunista (PRC) entre 1994 y 2006, desempeñando la Presidencia de la Cámara de diputados desde el 2006 al 2008. A caballo entre el socialismo de orientación lombardiana (maximalista) y el comunismo ingraiano (Pietro Ingrao, dirigente de la izquierda en el PCI), Bertinotti es un movimientista convencido y un pacifista no violento. Llevó a cabo durante muchos años tareas sindicales en la Cgil y llegó a liderar su corriente más de izquierda denominada “Ser sindicato”. A partir de mayo de 2008 fue designado Presidente de la Fundación de la Cámara de Diputados, tarea que concluye en 2013. En junio de 2007 dio vida a la revista Alternativas por el socialismo, una revista bimestral de análisis y cultura política de la que es director.